Es una suerte tener como amiga a una excelente escritora como Virtudes Olvera, una mujer inteligente, decidida y muy entregada al desarrollo de su trabajo creativo y de difusión del relato que, además, despliega un entusiasmo y una avidez por empaparse de historias, realidades y autores que da gusto de ver, inspirándonos a todos los que la tenemos cerca.
Cultivar la narrativa corta es, tantas veces, casi un acto heroico en nuestro país donde la novela es la reina indiscutible de los clubes de lectura, de las columnas literarias de los periódicos y de las revistas culturales. El relato −y la poesía− son géneros minoritarios, que precisan de un lector con una mayor entrega, con una concentración especial, y con una andadura lectora, además de tener ciertos precedentes en estos géneros para poder entender con más profundidad las referencias y el pequeño universo que levantan. Dedicarse a la escritura de lo breve, contrariamente a lo que pueda parecer, es más difícil que el moverse en formatos más extensos. En los textos cortos es donde comprobaremos la maestría de un autor, o de una autora, su capacidad para trasladarnos a su terreno usando las palabras justas y necesarias, atando y rematando cada detalle. Y de todo esto que comento sabe muy bien Virtudes Olvera, en cada una de sus historias se refleja a una profesional que domina el oficio, que adecua a cada relato un tipo de lenguaje, que escoge la ambientación precisa, que mantiene la atención moviendo y ajustando las poleas de la acción, del nudo y del desenlace, que conjuga lo que se dice con lo que se calla, que deja suspendida la sugerencia y afina muy bien la psicología de los personajes. Sus composiciones son muy meditadas, muy bien construidas y documentadas. Nunca son una simple ocurrencia o una anécdota que se evapora una vez leída. Dejan un poso, imprimen en nosotros ese desasosiego fértil en preguntas y reflexiones, invitan a cambiar nuestra mirada, inducen a vernos retratados en los protagonistas ‘vivos’ que Virtudes crea.
Y los relatos de su último trabajo, “Mamíferos” (Esdrújula, 2024), cumplen con ese fin que se espera de la buena literatura: un movimiento interno en el lector, un cambio de ángulo de observación. Si pudiéramos resumir esta colección de cuentos, podríamos hablar de la hondura que aflora desde la cotidianidad, de esa bellísima recreación de un pasado próximo (al que todavía debemos mirar para sacar nuevas lecciones), y de cómo nos conmueve la vivacidad de sus tramas que reflejan esa sociedad desigual, tantas veces injusta, en la que vivimos.
En “Lamancha y Lanube”, se pondrá en conflicto nuestros cometidos asignados y nuestra escala de valores; nos atrapará Juan, un personaje perfectamente modelado y tan entrañable, que parece que podemos ver todavía perdiéndose en las calles de la Malasaña madrileña en “Querida Juan”; en “Los horizontes del suelo” nos dolerá nuevamente la contienda fratricida de la Guerra Incivil española (como decía nuestra añorada Gloria Fuertes) pero, la mirada se apaciguará un poco, gracias a la delicadísima prosa poética y al intimismo que la autora despliega en este relato; nos volveremos niños del extrarradio con “Escombreras”; con “Space Man”, estaremos alertas a esa violencia invisible pero cierta, que arrincona la libertad y soltura de tantas mujeres; tendremos como destino el repaso de las etapas de la vida −con toda su carga sensorial y elíptica− con “Pañales”; o constataremos esa soledad de una vejez llena de ecos con “Pretérito perfecto simple”. Es así como Olvera nos hace un recorrido emocional por un pretérito que aún palpita, por un presente teñido de sinrazones y por un futuro desconcertante. Una obra para leer y releer con detenimiento. Un compendio que se degusta como fruta madura.
Muchísimas gracias, Virtudes, por tu compromiso con la creación. Podemos afirmar, tras la lectura de este libro, que somos voraces animales hambrientos de tus historias de espléndida sustancia.
Marina Tapia

Virtudes Olvera (Girona, 1974) pasó los primeros años de la infancia en Cataluña hasta que sus padres decidieron regresar a Granada. Él de Cádiar, ella de Pitres, echaban de menos su tierra.
Después de licenciarse en Derecho, ejerció como abogada en su propio despacho profesional, hasta que opositó al Ayuntamiento de Granada, del cual hoy es funcionaria.
Tras toda una vida como lectora y narradora de historias, comenzó a escribir y en 2019 ganó el Concurso de Cuentos de la revista Adiós Cultural (Madrid) y en 2020 quedó finalista del Concurso de Relatos de Ideal y del Certamen de Micorrelatos Javier Tomeo.
Ha sido guionista y actriz del grupo de teatro amateur Cutre Chou, actriz en el cortometraje Reinvention-K 365D y co-guionista del cortometraje Reinas, ambos del director Pepe Luis Pareja.
Formada en los talleres de Cristina Gálvez, Alfonso Salazar, Olalla Castro y Jesús Ortega, actualmente se encuentra «secuestrada» por la escritura de su primera novela.
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