lunes, septiembre 7 2026

A UN AMIGO by Mercedes Unzeta

A un amigo.

Queridísimo. Ayer, por fin, hablamos. Siempre es una emoción nueva hablar contigo y siempre me deja un regusto agridulce que paladeo con añoranza (¿de qué?) quizás de lo que pudo haber sido y no fue… La añoranza de una fantasía. Pero aquello que ‘pudo’, si hubiera sido, hoy seguramente ya no sería, y no  habría motivo para esta dulce añoranza. Creo que es tu espíritu, tu optimismo, tu manera de ser, tus categorías, tu Yo tan afín al mío, lo que hace lamentar aquello que he ido dejando por el camino.

Las circunstancias de mi vida me tienen encadenada de tal manera que arrastro una pena, una suave pena, aunque a veces es una gran pena.

Mis alas

están llenas de brea,

mi vuelo

apenas se levanta un palmo del suelo,

y yo

no me acostumbro a vivir a esta altura.

El recuerdo

es a veces un mal compañero.

Y la esperanza

puede ser un mal sueño.

Envidio tu libertad y añoro tu amistad.

Disfruto, revivo, me divierto hablando contigo. Eres como un vendaval fresco que me envuelve, me eleva y me hace girar… Mi espíritu se queda vitalmente aturdido y mi alma dulcemente herida.

Tu tierna delicadeza al comunicarme con prudencia  tu nuevo (ya viejo) amor me enternece y me divierte. Esta Ana me levantó hace tiempo unos celos tremendos y por alguna razón incomprensible, tras la conversación de ayer, algo me espolea a escribirte de nuevo, quizás cuando siento (temo) que te puedes alejar… No, no creo que sea eso, ¿o sí?

Querido. Me llena de alegría que seas feliz. Me encanta que te sientas bien y acompañado (y bien acompañado). Me entusiasma que te valoren por tus trabajos. Me emociona tu espíritu emprendedor y vividor… pero… ¡No me olvides! Yo, desde mi torreón, no lo hago.

Que ¿cómo ve va?, me preguntas. Te contesto.

Avanzando y retrocediendo,

desvelando y velando,

Retorciendo y enderezando.

La vida.

Las palabras

me sonríen a veces

pero se burlan otras…

y entonces

las ideas se quedan sin soporte,

suspendidas

en el precipicio de mi memoria,

y entonces

me pierdo en el vacío de la expresión,

y entonces

navego sin rumbo,

y entonces

es cuando desfallezco.

 

Trabajo con intensa ansiedad y

me adivino al borde de un abismo.

Las circunstancias me encadenan,

la mezquindad me enajena,

la adversidad me hipoteca.

Añoro los espacios inviolados,

los aires inocentes,

los horizontes dilatados,

la privilegiada vista de pájaro

que empequeñece las miserias

y recrea las emociones.

Necesito levantar el vuelo,

¡volar!

pero viejas responsabilidades

y nuevas ocupaciones

agarrotan continuamente mis alas

emplomándolas como pesados lastres.

¿Te haces una idea de cómo me va? Ahora que te siento cerca de nuevo seguro que mis alas empezarán a batir con inicios de ligereza.

O témpora o mores


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