Una puerta se cierra de golpe
punto y aparte.
Ahí se dan la despedida
las frases que van cogidas de la mano,
las inflexiones de la voz,
las miradas que ponen palabras
unas sobre las otras,
la caricia liviana de las tildes,
el corazón encabritado en las preguntas
que casi se detiene en los puntos suspensivos,
mirando los silencios que quedan entre ellos,
ese no saber si hallarán su respuesta.
Uno se siente volar
con las exclamaciones;
un pájaro que se eleva
por encima de edificios y montañas,
y expresa su alegría al viento
al desplegar las alas.
Saltando sobre las piedras
los dos puntos, dejan sus deseos
a merced de la corriente,
en esa algarabía
de expresar en poco tiempo,
todo lo que ocurre
bajo esa piel de letras,
que se desliza hecha agua de una fuente.
El golpe de una puerta se detiene,
los ecos de un sonido
quedan en la memoria
como las ráfagas de luz
de un faro en mitad de la noche;
y al alejarse los pasos
en el aire,
las comillas vuelven la mirada
y dejan con un beso
el mejor resumen
para este texto breve,
que ahora se despide
con un punto y seguido
y hasta luego.
@José María Ysmer
@Imagen Pinterest
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