lunes, julio 6 2026

Su mapa… por María José Luque Fernández

El borde de la fuente olía ya a ese otoño temprano en el que la vida parecía eclipsarse. Se desbordaba el agua en un murmullo inconstante, rompiendo el silencio de la tarde. Recuerdos que flotaban en sus aguas la acompañaban en aquellos momentos en que la desidia y el ahogo eran una constante en su vida.
Con su hija recién nacida había paseado por aquel parque, primero en el carrito de bebe y después de la manita para terminar corriendo por sus hermosos caminos. Cuantos dibujos, cuantas palabras arrancaron de sus labios allí, en aquel banco cercano a la fuente.
Sus manos, hoy, estaban vacías mientras burbujeaban en su cabeza multitud de decisiones que debía tomar ya, o eso creía ella.
En el discurrir del agua las dejó caer mientras un pajarillo curioso chapoteaba en su orilla y ella le observaba en la prudente distancia para no asustarle. Sin miedo se balanceaba sobre el agua sacudiendo sus plumas dejando en ella anillos de diversos tamaños que se reflejaban en el cielo y envidió por un momento ese presente en el que el nada parecía enturbiar-le.
Recordó el río que fluye libremente desde su nacimiento y aquellas palabras que una vez su abuela le dijo mientras vertía un sobre de té sobre la taza que tomaban juntas aquella tarde:
– «La vida es como una fuente: no solo hay que mirar la superficie sino también lo que corre por dentro. pues no todo lo que brilla es verdad, ni todo lo que se esconde está mal» «
Volvió a estar presente en ese instante que vivía y escuchó a otras personas, unos discutiendo, otros riendo y a su vera, un viejecito dejando migas de pan para las palomas y entonces entendió que ella no era el centro del universo, que sus problemas eran granos de arena en este vasto universo que ocupamos y respiró profundamente y dejo de oprimirle el pecho.
y con delicadeza abrió su libreta y escribió en ella:
«Hoy he vuelto a escuchar la fuente»
«Debo aprender a dejar que el agua haga su trabajo»
«La vida no se resuelve en un instante»
«Debo aprender a dejar correr el agua entre mis manos»
A medida que iba escribiendo, sus problemas aunque no desaparecían, se convertían en palabras que iban perdiendo parte de esa asfixia que portaban.
Dibujó como hacia antaño con su hija, el agua, líneas suaves que caían, esos círculos bordeados como hebras de espuma; sin darse cuenta estaba dibujando su mapa, ese que necesitaba para volver a ser, sin miedo, enfrentando momentos pero con esa calma que debía permitirse tener pues no iba a cambiar el rumbo de su vida en un instante.
@María José Luque Fernández.
@Imagen Pinterest

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo