lunes, julio 6 2026

Cárceles encubiertas para adolescentes por Lucía Pastor Dueñas

En 1941, en pleno franquismo, se creó el Patronato de protección a la mujer . Su presidenta fue Carmen Polo, la esposa de Franco, y que tenía como principal  objetivo dignificar la moral de las mujeres, especialmente de las más jóvenes y así «impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a la religión católica». En realidad, se trataba de aparentes colegios de monjas que eran cárceles encubiertas para mujeres “descarriadas” menores de edad.

Los motivos para ingresar en esos centros son tan inverosímiles para nosotros como escuchar música rock, vestir como quisieras, haber sufrido una violación intrafamiliar con consecuencia, o no, de embarazos fuera del matrimonio, tener ideas políticas contrarias al régimen, ejercer la prostitución o, incluso, leer literatura considerada prohibida o poco edificante para mujeres jóvenes destinadas a ejercer “sus labores” siendo amas de casa precursoras, a gran distancia, de la figura del ángel del hogar del sistema estadounidense.

Había unas monjas encargadas de vigilar la moralidad y llevar al reformatorio a estas jóvenes reclutadas en la calle, en una piscina, una discoteca o incluso en su propio hogar. Una vez allí el panorama era el siguiente: interminables jornadas de trabajo, no remunerado, bajo el control de las celadoras, prohibición para relacionarte, obligación de rezar, censura de tu vestimenta y estar sometida a rigurosos controles de “ moralidad” En el caso de que la chica estuviera embarazada, deshonra por la cual era expulsada de su casa por su padre, le ayudaban a dar a luz, pero también a “entregar a ese bebé” a una familia que pudiera brindarle mejores oportunidades sociales. Cabe recordar aquí la cantidad de robos masivos de bebés que se dio especialmente en la década de los años 50, muchos de los cuales continúan sin resolver.

A fecha de hoy, todavía existen reformatorios y centros herederos del Patronato de protección a la mujer (extinguido en 1985). Se trata de instituciones religiosas que siguen atendiendo a mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Algunas de ellas colaboran con los servicios sociales, han sido subvencionadas e, incluso, premiadas. Sin duda, una clara muestra de que no existe una separación total de Iglesia y Estado. En definitiva, es una cuestión nada baladí y pendiente de revisión.

Podéis encontrar información al respecto en los siguientes textos:

Pilar Iglesias: Políticas de represión y punición de las mujeres
Andrea Monoicio: Lunática.
Consuelo García del Cid: Ruega por nosotras.

@Lucía Pastor Dueñas

@Imagen Pinterest


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