miércoles, julio 22 2026

VIII. La Semilla de la Confianza y el Regreso del Deudor de Santiago Angarita

En la orilla del río, a la sombra de un sauce, el plan tomó forma. Kethra prometió reclutar aliados en los callejones. Escafandra, usando un anzuelo improvisado de hueso, pescó cuatro truchas para alimentar a los desheredados de Magda, ganándose un silencioso e inclinado asentimiento de la anciana.

Al anochecer, de camino a la cita, se distrajo con un fuego azul-verdoso y una danza ritual de mujeres feéricas y otro tiefling de piel volcánica que tocaba una flauta embrujada. El canto de Escafandra, un lamento de su tierra sobre el Río Magdalena, atrajo la atención del músico, Caelum.

Caelum, vinculado al Príncipe Espinado del bosque, exigió un precio: el Geas de la Ley de la Sorpresa a cambio de la flauta y una canción. Escafandra aceptó el pacto, una arcana atadura se enganchó a su alma. Caelum le entregó una flauta de madera oscura, cálida y resonante, y le enseñó una melodía disonante, advirtiéndole que el objeto era una llave para abrir los caminos de la niebla.

Armado con la flauta, Escafandra se reunió con su tropa incipiente en el molino derruido: Kethra; Bor, el tuerto con el hacha; Gundrea, la granjera desconfiada; y Pip, el halfling nervioso.

Su plan original —un jardín mágico druídico para alimentar a todos— fue rechazado por Gundrea como una perversión de la tierra. Escafandra cedió y se centró en el objetivo compartido: robar el oro del Rey para comprar tierra de verdad.

El plan de emboscada se selló: el puente de piedra, media hora al sur de Barrowshaven. Gundrea y Bor harían las distracciones. Pip robaría la caja fuerte bajo el puente y huiría río abajo. Escafandra y Kethra usarían niebla e ilusiones para sembrar el caos. El silbido de la flauta sería la señal.


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