jueves, junio 18 2026

DIÁLOGO CON MI CONCIENCIA by Por Jorge Zenteno

—Entonces antes eras de derecha.

—Sí.

—¿Y qué pasó?

—Me cansé de la mentira cómoda.

Observé que frente a un desafío real —mi futuro, mi supervivencia, mi dignidad—, cuando hay que superar una prueba concreta, como cortar un tronco de un metro de espesor, el individuo de izquierda no toma el hacha. Espera. Espera que alguien más lo corte, lo administre y se lo reparta. Llama a esa espera “conciencia”, “lucha” o “justicia”.

Yo tomé la herramienta y corté el tronco. Y en ese acto dejé de ser de izquierda: no quise seguir viviendo del aplazamiento ni del reclamo permanente.

—Pero la derecha valora el esfuerzo.

—Lo celebra mientras puede apropiárselo.

El de derecha observa mi iniciativa y me ofrece un trato: conviértete en recurso, entrégame tu esfuerzo y yo te daré un beneficio. Me habla de libertad mientras fija las condiciones, me habla de mérito mientras captura el resultado.

Cuando entendí que la recompensa no guardaba relación con mi esfuerzo, rechacé el intercambio. Y en ese momento dejé de ser de derecha. No iba a aceptar que mi trabajo fuera reducido a retórica y mi valor a contrato.

—Entonces no crees en nada. Estás fuera de todo.

—No. Estoy fuera del engaño.

No me convertí en centro, ni en moderado, ni en imparcial. Me convertí en yo. Y eso es lo que más les molesta a ambos.

—Eso suena individualista. ¿Qué pasa con la comunidad?

—La comunidad no es el problema. La excusa sí.

Antes de que existieran las ideologías, las comunidades humanas sobrevivían porque nadie podía darse el lujo de esperar. No había discursos, había hambre. No había identidades políticas, había frío. Cada uno aportaba lo que podía hacer, o todos morían. Así de simple.

No se organizaban por relato, sino por objetivo. No había victimismo ni meritocracia: había función.

—Pero hoy el mundo es más complejo.

—Más complejo, sí. Más honesto, no.

Hoy se enseña a esperar, a delegar, a justificarse. La izquierda enseña a no actuar hasta que el sistema cambie. La derecha enseña a actuar para que otro se quede con el fruto. Ambos necesitan individuos dóciles: unos pasivos, otros explotables.

—¿Y tú qué eliges?

—Responsabilidad sin excusas.

Actuar sin pedir permiso ideológico. Cooperar sin disolverme. Aportar sin ser absorbido.

No rechazo lo colectivo; rechazo esconderme en él. No rechazo el sistema; rechazo idolatrarlo. Lo uso cuando me sirve y lo enfrento cuando intenta reducirme.

—¿Y si fallas?

—Fracaso. Como siempre ocurrió en la historia humana.

La diferencia es que no culpo al sistema, ni exijo compensación, ni espero redención política. Aprendo, ajusto y vuelvo a cortar el tronco.

—Entonces, ¿qué eres?

—Soy un individuo.

Único, irrepetible, responsable.

No soy víctima, no soy recurso, no soy consigna.

Y mientras exista un intersticio para actuar, no esperaré a que nadie venga a hacerlo por mí.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo