Reseña de «Entre perros y ángeles» de Luis María Pérez Martín por Marisa Lozano Fuego

Estimated read time 10 min read

“Entre perros y ángeles”, de Don Luis María Pérez Martín, XXXVIII Premio Juan Bernier de Poesía 2022, es una obra poliédrica. Heterogénea. Fantástica. Esdrújula. En ella se tocan todos los vértices del corazón humano. Clavículas. Tuétanos.

Aurículas. Ventrículos.  Es un tipo de Literatura que nos habita, invade e inunda hasta penetrar esa especie de corpúsculo ígneo y alado que, según aseguran, pesa veintiún gramos. Leer este poemario rasga. Rompe. Destroza. Incendia. El él se dan cita la irreverencia más deliciosa con la más flagrante de las ternuras.  Amor filial. Melancolía. Denuncia social. Metafísica. Las entrañas de un Hombre – Ángel que abraza su oscuridad y su luz y las fusiona en un parto de venial, celestial belleza. Quizá ambas.

Qué estimulante leer vida, pálpito, sangre, dulzura, ironía, tristeza, inocencia y sabiduría a la par. Todo fusionado, todo enredado como un caleidoscopio de colores donde los matices se potencian y se
acarician unos a otros. Así es, Don Luis María sabe captar los claroscuros del alma. Los vive. Los siente. Nos versa con un corazón bermejo y cálido, apasionado, idealista y ahíto. Con una profunda belleza. Lo hace con el Malditismo de Baudelaire, el Absurdo de Kafka, la Fenomenología de Heidegger, el Romanticismo de Bécquer, la Mística de San Juan de la Cruz y el Apocalipsis de un Antiguo Nuevo Testamento que nace a la vida en sus manos. Consagrándonos en el altar de su palabra.

Comulgando con su cuerpo y su espíritu. Contestatario. Insumiso. Tierno como pan dulce.
Sí, existimos en la paradoja. Somos paradoja. Don Luis María lo refleja con delicadeza y a la vez furia titánica en cada uno de sus poemas. Ora tiernos, melancólicos. Ora desafiantes y bravos. Todos
ellos inmensamente bellos.  Los lectores precisamos carne y hueso. Nos agota la realidad aséptica. Los anuncios de champú y de Toyota. Nos gusta sentir correr por las venas ese líquido anhelado y precioso que nos hace sentir especie. Misérrima, gloriosa.

Con toda su espina y su pétalo. En este poemario, intenso y fieramente honesto, hay una gran dosis
de fe. La hay. No fe en los templos ni en los axiomas, sino fe de esa que hiere y da vida. En el amor a nuestros padres. En ideales que no mueren. En el alma que no se vende. En valores que se tatúan a
fuego y no pueden gritarse. Sí, fe y desengaño coexisten, porque somos amanecer y noche.

La intuición e inmensa empatía de Don Luis María le conduce a tallar con mimo cada una de nuestras aristas. Acaricia con mimo nuestra nostalgia. Excita nuestro sentido de la justicia social. Fluye como una lágrima. Se posa como una hoja.  Cada uno de sus versos es, intencionadamente, un contacto álmico que se imbrica en nuestro cordón de plata y nos mece en su  sinfonía. Somos uno con él. Batallamos. Amamos. Reseñable su inmenso amor a la Poesía y a su esencia, a la que hace musa
cálida de varios poemas.  Conmovedor, dulcísima su inmensa devoción a las figuras de cada uno de sus padres, a los que loa con ternura, moviendo todo nuestro ser.

Admirable su defensa de lo justo, en su corazón que no tiene precio ni veto.  Sorprendente su fina ironía. Glorioso su vocabulario, que nos muestra a un hombre leído, culto, enormemente inteligente, que maneja las palabras como un malabarista. Introduce   cultismos y también palabras más fieras,
del pueblo, de las que oímos cada día en nuestras calles. Otra paradoja, otra grandeza. Un verdadero poeta sabe ser truhan y señor, a la vez, sin despeinarse, y en ambos roles nos provoca una sacudida.
Artista del verso libre, el verso blanco, el soneto endecasílabo, alejandrino, la rima consonante y cuantas se le pongan por delante, crea un ritmo hipnótico, frenético, o calmo y sereno como una
góndola.

La letra le sirve a él, y no al revés. La mima. La azota. La moldea. En sus manos es lágrima y arcilla. Igual que nosotros. Lo mismo ejecuta con el espectro de las emociones humanas. Nos reta. Nos acaricia. Nos sacude. Nos hiere. Nos interroga. Nos conmueve. Somos marionetas en sus poéticas manos, surcadas de líneas y metáforas.  De imágenes, hipérboles, analogías, grito, dulzura, justicia,
denuncia, amor a la poesía y a sus semejantes.

Citaré a continuación algunos ejes que me parecen principales de su obra: Metafísica: Don Luis María articula su propia idea de Dios y los seres incorpóreos, con ternura, humanidad y una deliciosa ironía que nos hace cuestionarnos si ser materia es verdaderamente un privilegio. En sus manos, los versos tocan arpegios celestes, desenfadados, mimosos, con una infinita empatía por esta nuestra
sustancia que no es angélica.

“Dios nos mira, torcaz, multiplicado,
Insaciable, confuso, fragmentario,
Percutiendo sus picos infinitos
Contra el suelo que habrá de cobijarnos
Mientras deglute migas y plegarias”.
(“Palomas”, pág.24)

“No tengan miedo. Nadie nos escucha.
Dios se quedó dormido en las alturas
Y los ángeles guardianes que administran
Su cotidiana mansedumbre
Cometieron el error de distraerse.
Aférrense a este remanso del desvelo

y ahora que están a solas con su historia
den un salto mortal en el vacío.”
(“Remanso”, pág. 59)

Amor filial: Don Luis María loa con profundo amor la figura de su padre y la de su madre, sumiéndonos en un universo de ternura, emoción y profundo respeto por sus lazos filiales, que nos habla de un profundo legado afectivo hacia sus progenitores, un orgullo sensitivo y leal hacia lo que ellos le han legado: un inmenso corazón, una mente valiente y brillante. La delicadeza y sensibilidad
de estos exquisitos poemas me ha hecho derramar más de una lágrima.

“Hace tanto que a veces se me olvida
que recitaba, siempre de memoria,
poemas de Espronceda y de Machado
y me llevaba al fútbol los domingos
y me compraba todos los tebeos.
Hace tanto que duele recordarlo
mordiéndose las uñas modestísimas,
leyendo tenazmente su periódico,
llorando cada vez que Burt Lancaster
moría de un balazo en la pantalla.
………
No hay duda, aquel hombre se parece
a mi padre de antes del olvido.
Quizá tenga valor para acercarme
a decirle en silencio que le quiero”.
(“Se parece”, pág.16)

“Yo tenía unas grandes alas blancas,
Unas alas lindísimas.
Mi madre
las tejió para mí;
durante meses
trabajó duramente en su diseño,
fue cosiendo las plumas una a una,
ungiéndolas con savia de caléndula
y bordando iniciales primorosas
por si acaso algún día se extraviaban.
Me quedaban tan bien aquellas alas…
Mamá me las lavaba cada noche
en un barreño enorme de agua tibia
y al clarear el alba las planchaba
sin olvidar jamás almidonarlas
para que el viento no las deformase.”
(“Yo tenía unas grandes alas blancas”, pág. 21).

Metalingüística: Don Luis María habla de la poesía y los poetas con pasión inenarrable, con gran fe, con un cariz sensitivo y comprometido que nos hace comprender lo mucho que él la ama. Así, la poesía pasa a ser puente y mano tendida, instrumento de protesta, lecho donde reposar y Olimpo de tantos. En las calles. En las plazas. Con las venas y el ser. Sin duda, él es Poesía y como un solo organismo vivo y fusionado ambos se defienden y enarbolan, poeta y poema, su romance eterno.

“Un poeta transpira lirios rotos,
otro va con la sombra en cabestrillo,
un tercero se viste de chiquillo
y juega al porvenir con viejas fotos.
Poetas y poetas y poetas

perdiendo por ahí sus siluetas,
manchando los inviernos de poesía”.

(“Poetas y Poetas”, I, pág. 37)

“Una poeta alumbra una utopía,
un poeta, a su lado, ladra al cielo
y otro guarda con mimo en un pañuelo
un trocito de piel de mediodía”.
(“Poetas y Poetas”, II, pág. 38).

Denuncia social: Don Luis María denuncia la hipocresía social, la maldad, la injusticia, tantas y tantas lacras profundamente humanas. No niega el abismo, no pasa por encima de él. Lo nombra
y se sumerge con fiereza y coraje en sus procelosas aguas y hace de la poesía un escudo, una daga, un bálsamo que restaña, cura y a la vez chilla en fragante libertad.

“Hay cosas tan sutilmente malvadas
que da miedo nombrarlas en voz alta.
Van reptando invisibles, sinuosas;
se enlazan en simbiótica armonía
con nuestras convicciones más profundas
y una vez enraizadas se cobijan
junto a aquello que roza lo sagrado
tornándose, a su sombra, incuestionables”.
(“En voz alta”, pág. 30)

“Entonces sucedió: sin previo aviso,
Igual que los mesías de los cuentos,
La guerra se hizo carne en las pantallas
Para enfrentar a hermano contra hermano
y salpicar de cruces el futuro”.

(“El Milagro”, pág. 25)

Filosofía: Don Luis María bucea en el lago del saber, el éter, la mente. Todo aquello que nos construye como seres pensantes y lo hace con una sencillez delicada, elegante. Con vocablos que nos
resultan cercanos y encierran una inmensa profundidad. Porque jamás una mente tiene fondo. Sus versos, inmensos, tampoco.

“Todo estaba cumplido; siguió un largo
Erial con trayectoria de cangrejo
en pos de la ignorancia tan ansiada.
Pero un día, en mitad de aquel letargo,
un chiquillo, frunciendo el entrecejo
murmuró: “solo sé que no sé nada”.

(“Sócrates lives”, pág.39)

“Es siempre el mismo dios, la misma historia,
el mismo yugo atroz, la misma noria,
el mismo error, la misma policía.
El tiempo es circular y redundante.
Nos queda un largo ayer aún por delante.
Heráclito, ya ven, se confundía”.

(“El mismo río”, pág.43)

Sin duda, “Entre perros y ángeles” es una explosión de emociones, un latido paroxístico, tierno, una fusión que se mete bajo la dermis y se hace carne, alma, vagido con nuestra voz.  No podemos posarnos en sus páginas como una mariposa. No podemos, simplemente, depositarlo en una mesa. Nos sumergimos, nos ahogamos y nacemos a la esplendorosa muerte del Ego para ser un Sumus ardiente, poderoso, íntimo, delicado, bravo y sereno. Una paradoja imperiosa. Un desgarro vital. Como su poesía. Como su voz.

La poesía no ha de ser únicamente un remanso de paz, sino también un mar bravo. Un rugido. Una explosión de mente y cuerpo donde la letra nos sacuda, cuestione, agite y exprima la fibra más
intensa de nuestros corpúsculos humanos. Y no humanos. Porque la poesía de Don Luis María nos hace recordar que podemos trascender, levitar, tirarnos en picado sin red y sin temor a sufrir más
daño que la Honestidad. La Ternura. La Nostalgia. La Rebelión. Por todo ello, gracias. Perros y ángeles como somos, aullamos y volamos en cada parto de su pluma para aspirar una bocanada de
aire.

Y así, Don Luis María nos da vida. Tal vez, eterna.

@Marisa Lozano Fuego


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

You May Also Like

+ There are no comments

Add yours