Jorge Ramos despertó confundido.
Miró a su alrededor agrandando los ojos.
Estaba en una habitación de paredes blancas, alumbrado por una luz tenue.
Buscó la fuente de esa iluminación y no la encontró. Parecía provenir de todos lados, fluyendo de las propias paredes.
Al tocar una de ellas la notó cálida y palpitante, con una leve vibración, casi elástica y de un material desconocido.
Trató de recordar, frunciendo su frente y acomodándose el pelo, cómo había llegado allí.
Estaba caminando, cruzando un campo para ir a su trabajo en la estancia.
Un brillo azul lo envolvió y después…no recordaba más nada.
¿Dónde estaba?
………………………….
La nave se alejaba de la Tierra rápidamente. Ésta última ya sólo era un punto en el espacio.
Dentro, unos seres luminosos que parecían pulpos, conversaban en un raro idioma, que más bien eran chillidos:
―Por suerte conseguimos un ejemplar de los primitivos habitantes del planeta.
―Pero son todos bestias violentas, con poco entendimiento.
―Sin embargo, resultan una curiosidad muy atractiva para la colección de seres. Pero va a estar para siempre en su jaula climatizada.
―Eso es cierto, moriría en nuestra atmósfera.
―¿Cómo era que llamaban en su planeta a la colección de animales?
―Es cierto, tienen una palabra para eso…zoológico.
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