El Exorcista, el Universo de El Conjuro, Sinister, Abigail y muchas otras. Todos estos títulos pertenecen al género diseñado para evocar terror, repugnancia, miedo, conmoción o inquietud.
Durante muchos años, las películas de terror se han asociado, en la mente de quienes no comprenden su significado, con el disfrute de personas con personalidades generalmente «perturbadas». De hecho, en el imaginario popular, el espectador o aficionado de este género se asemeja de alguna manera a un sociópata o a alguien con trastorno de personalidad antisocial.
¿Qué dice la investigación?
Evidencia neuropsicológica reciente sugiere exactamente lo contrario: la pasión por el género de terror suele ser indicativa de una alta resiliencia psicológica y una sólida estabilidad emocional.
El «Gimnasio de las Emociones»: Exposición Controlada.
Quienes ven películas de terror no buscan el dolor, sino que experimentan lo que en psicología llamamos activación fisiológica (excitación) en un contexto de total seguridad.
El mecanismo: Mientras el sistema nervioso simpático reacciona a los sustos repentinos, la corteza prefrontal permanece consciente de que el estímulo es ficticio.
El beneficio: Este ejercicio permite «entrenar» la respuesta al estrés. Quienes están acostumbrados a gestionar el miedo cinematográfico desarrollan una mayor capacidad de desconexión psicológica de las emociones negativas en la vida real, lo que, paradójicamente, resulta en una mayor calma ante las adversidades cotidianas.
¿Y la sociopatía? Desmintiendo el mito.
Contrariamente a la creencia popular, los espectadores de terror no carecen de empatía; al contrario, experimentan una forma de empatía vicaria.
«No es la falta de empatía lo que impulsa a las personas hacia el terror, sino la capacidad de procesar la sombra sin actuar en consecuencia».
Los estudios indican que los rasgos de personalidad vinculados a la llamada «Tríada Oscura» (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) no son más comunes entre los aficionados al terror que en la población general. De hecho, disfrutar de estas películas a menudo requiere una fuerte identificación con la víctima y una profunda comprensión de la dinámica del bien y del mal.
Ventajas cognitivas: Del post-horror a la resiliencia.
Una interesante investigación realizada durante la reciente pandemia de COVID-19 reveló que los fanáticos del cine de terror y los géneros distópicos mostraron menores niveles de ansiedad que otros.
Dominio de las señales: Los fanáticos del terror están más acostumbrados a procesar información amenazante.
Desapego crítico: Son mejores para distinguir entre una amenaza percibida y una real, manteniendo el equilibrio incluso bajo presión.
Además, las ventajas no parecen terminar ahí. También durante la pandemia, los fanáticos del terror distópico mostraron menores niveles de ansiedad y una mayor capacidad de adaptación. ¿La razón? Se trata de personas psicológicamente preparadas para catástrofes o situaciones de crisis, ya que poseen estrategias automatizadas de regulación emocional que otros aún no han desarrollado (en este sentido, algunos pacientes bromean diciendo que están listos para cualquier catástrofe, invasión o guerra porque las han experimentado a través de películas y ya saben cómo reaccionar ante cualquier adversidad).
NOTA CLÍNICA IMPORTANTE:
Es fundamental distinguir entre el uso recreativo y la exposición en personas con TEPT o trastornos de ansiedad agudos, donde el mecanismo de «desapego crítico» puede fallar, lo que lleva a una retraumatización en lugar de una catarsis.
El terror se presenta, por lo tanto, como una catarsis moderna; una oportunidad para enfrentarse al mal con la capacidad de controlar el clímax a voluntad. Para muchos, se convierte en una especie de herramienta de autoayuda, una ayuda emocional necesaria para comprender que el mal existe y es posible, y que la humanidad sigue siendo capaz de llevarlo a cabo.
Elegir ver una película de terror no es, en última instancia, un acto de cinismo, sino un acto de valentía emocional. Es la forma en que nuestra mente nos indica que estamos listos para mirar al abismo, sabiendo que tenemos las herramientas para retroceder. Quizás quienes no temen a la oscuridad en la pantalla son simplemente aquellos que han aprendido a dejar que la luz brille en su interior.
Dra. Giuseppina Simona Di Maio, Psicóloga Clínica, Inscrita en el Registro de Psicólogos de Campania n.º 9767 Experta en Malestar Juvenil, Desviación Social y Conductas de Riesgo Experta en Malestar Adolescente y Adolescencia Psicóloga Escolar Realiza actividades de prevención, diagnóstico y tratamiento para individuos, grupos, organizaciones sociales y la comunidad.
Scrivner, C., Johnson, J. A., Kjeldgaard-Christiansen, J., & Clasen, M. (2021). Práctica en tiempos de pandemia: Los aficionados al terror y las personas con curiosidad mórbida son más resilientes psicológicamente durante la pandemia de COVID-19.
Personality and Individual Differences, 168, 110397. https://doi.org/10.1016/j.paid.2020.110397 Clasen, M. (2017). Por qué nos encanta el terror: La estética del miedo. Oxford University Press. Scrivner, C. (2021). Ahuyentar la ansiedad: Vías terapéuticas de la ficción de terror para mejorar el tratamiento de los síntomas de ansiedad. PsyArXiv.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.