Son esas gotas de lluvia.
Esas que caen pertinaces en el
canalón de zinc.
Son esas gotas imparables las que
me despiertan cada mañana.
La espesa niebla me impide ver
el horizonte otoñal,
los árboles de hojas ocres,
las aves cobijadas en el alero
de mi ventana.
No veo nada.
Y la lluvia y la lluvia pertinaz
continúa despertándome al alba.
¿Para qué me despierta?
No puedo ver las calles,
no veo plazas ni parques, ni siquiera
el faro romano que ilumina
por siempre el paso de los barcos.
¿Para qué me llama la lluvia
goteando en el metal?
Sólo una razón.
Para que no deje nunca
de escribir estos versos.
Para que mi pluma escriba siempre
mis versos mirando al universo.
Siguen cayendo sin descanso
las gotas de lluvia.
Caen y despiertan mis sentidos.
Despiertan con su goteo
la tinta negra de mi pluma
para no perder el equilibrio
de las palabras en prosa y verso.
Carlos Cubeiro
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