sábado, julio 4 2026

Felices a pesar de todo by Nacho Valdés

La felicidad podría entenderse como esquiva dado que el sufrimiento es patente en distintas y múltiples formas. Es más, dependiendo de a quién se consulte podría resultar algo connatural al ser humano. Siempre ha habido pesimistas que nos permiten gracias a un simple ejercicio de contraste entender el optimismo. Sin embargo, el hecho de ser feliz, por mucho que algunos se resistan, se abre paso entre los individuos y colectivos, pues, en caso contrario, la vida resultaría insoportable y probablemente hace tiempo que habríamos sucumbido como especie. Las situaciones de abatimiento o depresión prolongadas se tratan como una dolencia para las que existen terapias y tratamientos, un verdadero avance con respecto a un tiempo no tan lejano cuando se vendía el aguante introspectivo como una muestra de integridad y humanidad. El presente nos arroja una preocupación consciente sobre la salud mental ya que se entiende como un elemento fundamental para nuestra existencia. La dimensión psíquica ha dejado de estar arrinconada y se comprende como un rasgo insustituible para lograr la salud y el equilibrio. Tanto es así que la felicidad se ha trocado en un elemento más de consumo y se mercadea con experiencias o modelos vitales que supuestamente nos permitirán alcanzar la felicidad. Para muestra las empalagosas sentencias de Mr. Wonderful o las innumerables producciones cinematográficas que ofrecen un modelo edulcorado y ficticio en relación a esta necesidad. No es, sin embargo, una novedad; podrían nombrarse en este sentido a epicúreos, estoicos o a los seguidores en El Liceo del eudemonismo aristotélico. Siempre se ha buscado la felicidad por motivos obvios: mejora nuestro tránsito por el mundo y, de hecho, hace llevaderas las desgracias que de una manera u otra terminan por golpear a los individuos. Sin alguna forma de satisfacción o esperanza, la vida terminaría por hacerse insoportable, aunque, en último término, no se trate, como ya indicó el Estagirita, de un absoluto, sino de un estado transitorio y variable. Hay tantos modelos como individuos, aunque a buen seguro podrían encontrarse componentes comunes a todas estas propuestas.

La cuestión es cómo es posible la felicidad si, como ha quedado dicho, tarde o temprano seremos golpeados inmisericordemente por alguna fatalidad. Si recapacitamos sobre la mayor de las desgracias esta puede vincularse con la muerte, condición última para el ser humano. Desde luego, el hecho de haber conseguido un tránsito vital pleno y dichoso para después ser borrados de este mundo no parece la mejor de las propuestas. Sin embargo, y como no podría ser de otra forma, la filosofía ha tratado esta cuestión existencial desde múltiples perspectivas. No hay nada que guste más al pensamiento, entendido este como una construcción cultural y colectiva, que los interrogantes sin respuesta. Quizás aquí se dé un nexo con la religión, pero esta prefiere emitir juicios al respecto recurriendo al empleo del deus ex machina. No obstante, esta es otra cuestión que ya hemos tratado en otros escritos. No es el objeto del presente texto. Para la fenomenología de Martín Heidegger el sujeto es un ser para la muerte. Somos, como dasein, el único ser consciente de su finitud, pues se trata de una característica íntimamente vinculada a la vida humana. Sin embargo, lejos de alejarnos de la felicidad, este rasgo ineludible nos invita a una vida consciente que asume las responsabilidades de sus actos. Esta conciencia, aunque fermenta de manera paulatina, suele mostrarse como un despertar súbito que aceptamos dado que no cabe mucho que hacer al respecto. O, como indicaba el filósofo, un proceso de apropiación de la propia realidad existencial. Contamos con casos de rebelión al respecto, como sucedió con Miguel de Unamuno, pero no por ello dejó de morir. También mantuvo siempre una disposición férrea para con sus principios y valores y una vida que podría entenderse como plena. Al menos eso puede colegirse de su biografía. Por tanto, de este aparente sufrimiento, se desglosa una vida más profunda y con una consciencia que invita a su aprovechamiento. Algo así como lo que proponía Nietzsche con su vitalismo que invitaba a experimentar en toda su extensión nuestro tránsito por este mundo. Las promesas escatológicas no hacían mella en este pensador dado que sabía de la imposibilidad de comprobar este tipo de fantasías. Prefería centrarse en lo único que tenemos claro: la existencia sobre la que tenemos certeza. De ahí la imposición de un vitalismo como horizonte a seguir. Esquivar esta realidad, buscar el refugio en los subterfugios sociales, constituye una huida que impide una satisfacción plena.

Aunque distinto a Heidegger en sus planteamientos, el existencialismo de Albert Camus también asume la muerte como un elemento idiosincrásico de lo humano. Una relación absurda, como él mismo nos recuerda en su obra, un choque agónico entre lo fáctico y el deseo humano. El periplo personal parecería carente de sentido al estar enfocado al desvanecimiento. Sin embargo, y ante la pregunta de si merece la pena vivir a pesar de este sufrimiento, el francés invita, como hizo Sísifo, a la rebelión ante el destino. Rechaza el suicidio filosófico como recurso y nos propone dotar de contenido nuestras biografías. Aquí podríamos conectar con Aristóteles debido a que la forma de colmarnos viene, al menos en sus formas más elevadas, dada por la intelectualidad. Este modo de vida invita a la libertad y la lucidez, elementos propios de la felicidad. A modo de conclusión, puede decirse que la vida merece la pena y la felicidad es posible a pesar de las penalidades. Cada cual tiene su momento de clarividencia en el que está claro nuestro devenir y parece preferible que este instante no sea postrero. Saber de nuestra finitud, aunque parezca una auténtica calamidad, parece una invitación a exprimir de manera plena nuestras posibilidades. Por tanto, y a pesar de aparentar ser una contradicción, debemos abrazar nuestro declive como un ingrediente adicional para lograr la alegría de vivir. Tener conocimiento de nuestra limitación empuja a la responsabilidad.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo