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La gota de agua by Awilda Castillo

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La gota de agua cayendo en el lavabo, me hace volver del ensimismamiento al verme.

Nada mal. Para mis 38 años lo que refleja el espejo, es bastante bueno, sobre todos para las chicas que al contemplarme  suspiran y se dan codazos, cuchicheando cosas que creen no escucho, pero que luego se las oigo decir cuando las meto en mi cama y las castigo como quieren. Una a una van cayendo, todas con las mismas tonterías.

Comienzan diciendo que son muy liberales, y tan pronto acabo de tirármelas, me miran con ojos de traje nupcial y anillo en el dedo.

—Definitivamente, tontas. Me digo esto mientras ajusto mi corbata. Mi Traje impecable, como siempre. No puede ser de otra forma, hoy la junta en la oficina es importante. Mi “suegrito” debe anunciar por fin, que soy socio de la firma. Y si no, tendré que añadir más “posión mágica” a su café. ¡Ya no me aguanto a este viejo!, pero todo sea por la empresa, esta que desde hace 6 años he determinado que será mía.

Salgo del baño, tomo mi maletín y el móvil repica. Al otro lado, Julia.

—¡Hola preciosa! He pensado mucho en ti, desde antes de levantarme, pero como sabía que estabas estudiando, no quise interrumpir.

—Te extraño tanto, Leo. Su voz transmite una gran necesidad o dependencia. No creo que pueda pasarme ya un día sin ti.

—Igual yo, preciosa. Pero ya estamos cerca, dentro de poco podré pedir tu mano, y no habrá nada que nos separe. Estaremos juntos para siempre.

Digo esto de  “para siempre”, y agradezco que esta conversación sea por móvil  y no en video, porque el gesto de desagrado creo que se me notaría en la cara. ¡Ufff lod sacrificios que tengo que hacer para alcanzar lo que merezco!  Estar con Julia es casi una penitencia. A pesar de ser 10 años menor que yo, va por su segunda especialización en derecho, uno ambiental y ahora está terminando otro postgrado que incluye la protección de los animales; como si a alguien le importara que existiese un perro más o uno menos. Pero en fin, estar con ella es luchar con el sueño, para no dormirme mientras habla una sarta de estupideces sobre el mundo ideal, su vida perfectica de niña buena, pero sobre todo de su padre, Rogelio Buenaventura a quien ama y admira  de una manera especial; quien es además el dueño de la firma de abogados más importante de todo el país.

Yo, abogado de renombre, porque esa fama me la he ganado a pulso. He tenido que quitarme a unos cuantos de encima, porque con tanto peso, ¿quién puede subir a la cima? Pero llegar a donde está Rogelio, es lo que quiero.

Antes de mí, ya tenía dos hombres de confianza, el viejo no tuvo hijos varones y a Julia por tenerla tan mayor, su madre no resistió y  luego del parto, murió.

No tuvo hijos, pero si mucho dinero, muchos casos, mucha fama y hoy en día, hasta de otros países reclaman su asesoría. Por eso resulta un buen negocio, estar con Julia, como trampolín a escalar la máxima posición dentro de la firma.

—Buenos días Señora Ana, siempre elegante, adornando cada mañana. Saludo a la secretaria de toda la vida de Rogelio, y ella me mira con sus ojos diminutos, semejantes a los de un pequeño ratón. Seis años dándole mis palabras más amables, de todas las formas y todavía me sonríe a medias, no dice nada, pero sé que en su silencio hay desconfianza. Cuando sea yo el dueño de la firma, sacaré a esta vieja volando de aquí. Ahí quiero a una chica que me alegre el día solo de verla, con los pezones de su pechos, siguiéndome a donde vaya, de esas con las que se puede jugar a lo rápido, en cualquier descanso en la oficina.

—Leonardo, llegas tarde ocho minutos. Rogelio gira su silla y me sigue con sus ojos escrutadores.

—El tráfico ha estado complicado Rogelio, además en planta baja me topé con uno de nuestros clientes y hablé con él unos minutos antes de subir.

La carcajada del viejo se deja oír.

—Muchacho, no tienes que darme esas explicaciones, eran solo ganas de bromear y ver la cara que pones. Su carcajada vuelve a escucharse.

Esto es lo que detesto de este viejo, que se siente con la potestad de poner a todo el mundo a hacer lo que quiere, a jugar con sus emociones.  Lo que él no sabe es que mi respuesta es premeditada. Yo, el sumiso, el leal; el mismo que le sirve el café con unas gotas de una medicina que no le hace bien a su viejo corazón. Luego de la junta de hoy, no tendrás que avisar ni siquiera que no estarás aquí, porque será obvio lo que ocurrirá contigo.

Rogelio dice eso y comienzo a ver el cambio en mi oficina, el letrero en la pared al lado de mi puerta que diga “Socio” y no simplemente abogado.

Le apuro su café y disfruto al ver que lo  toma, seguro de que el momento de su partida será pronto.

Tocan a la puerta y entra Rita, una de las abogadas que atiende la parte mercantil. Trae unos papeles. Lindos ojos, pero mucho mejor sus tetas y sus piernas. Las veces que me he acostado con ella me ha ido bien, es un placer que se consigue rápido y su lealtad conmigo, ha crecido en las últimas semanas, Tiene una buena ventana en su piso, desde allí he podido  ver a su vecina vestirse, salir luego y abordarla hasta obtener lo que he querido. Es curioso como todas caen.

 

Miro a Rita y otra vez se me agria el pensamiento al compararla con Julia. Ambas sirven para lo mismo, entre las piernas tienen algo que me da placer, pero Julia, es sin experiencia, con una dulzura que me ofende y un recato estúpido que si no fuera quien es, simplemente la dejaría sin más. Además es muy flaca para mi gusto. Me gustan las mujeres voluptuosas, atrevidas, de las que el botón de la blusa no les aguanta, y el trasero les levanta la falda cuando caminan.

Las palabras de despedida de Rita, me sacan de mis pensamientos. Sale del despacho  y sigo yo, con mi dinosaurio, hablando de temas legales. La junta está pautada para dentro de 20 minutos. Ya falta poco para que mi futuro sea más claro.

Voy a mi oficina a recoger unos papeles, entro y veo todo como quien se despide, ya pronto no estaré más aquí, sino en el despacho que ocupan  los “socios”.

Empieza a llegar el resto de la Junta Directiva y Julia para mi sorpresa, también hace su aparición. Todos saben que yo la cortejo, pero nada más.

Hecho el quórum, comienza la reunión. Se avanza en la agenda normalmente. Los casos pendientes, lo que eso representa en cuanto a ingresos de la firma; los reveses encontrados en algunos temas, y al final, luego de dos horas más de espera, Rogelio toma la palabra:

—Mis estimados colegas, tengo algo que anunciarles. A partir de este momento he designado a uno de nuestros mejores abogados para asumir  una mayor responsabilidad. Su manejo de todo lo que se refiere al negocio legal y su excelente desenvolvimiento a lo largo de estos seis años, me da el soporte necesario para considerarlo para tan alta responsabilidad.

Estoy que no puedo esperar que lo diga, es más casi ni le oigo. Ya me veo encabezando reuniones como esta, en breve tiempo. Me gusta el sabor del poder, siento electricidad bajo mis pies.

—Leonardo Cabria, a partir de ahora serás nuestro encargado de negocios internacionales, por tanto vas a estar solo uno o dos días a la semana aquí y el resto del tiempo te tocará ser nuestro enlace en los países donde tenemos casos abiertos y clientes que necesiten nuestra asesoría.

Se escucha un aplauso por parte de todos los presentes, y yo siento que el piso se abre a mis pies. Este viejo desgraciado me ha sacado del juego de la manera más elegante.

—Y cierro esta junta haciendo —continua, el anuncio que todos esperaban, el nombramiento de “Socio” de mi querido amigo y discípulo Alberto Villa.

—¡Ahora sí el viejo a firmado su sentencia de muerte! Voy pensando esto mientras aplaudo este último anuncio, con ganas de tener el cuello de Rogelio entre mis manos y apretarlo hasta que ya no respire. Debo hacer una jugada rápido, sino lo que tanto he deseado se me irá de las manos.

Se levanta la junta y vuelvo a mi oficina, la que a partir de ahora veré menos, pero sin cambiar de posición. Me sigue Julia. Ella es lo que menos me apetece ver en estos momentos.

—Hola preciosa, es tan bueno verte. Paso mi mano por su rostro, luego cierro la puerta.

—¿Almorzamos juntos?  —pregunta Julia. Yo ya hice mi examen final antes de venir para acá. Tengo mucho que celebrar, y eso te incluye a ti.

—Si me esperas unos minutos creo que si voy a poder ir contigo.

Salgo al pasillo sin saber exactamente qué hacer, pero voy decidido al despacho de Rogelio y ahí los encuentro. Tomando un whiskey con Alberto. Los amigos y socios. Podría lanzar una bomba en este momento e irme feliz.

—Pasa, pasa Leonardo. Ven, que estamos celebrando las buenas nuevas para nuestra firma, y eso te incluye a ti. Como vi que Julia iba detrás de ti no quise interrumpir, pero ya que estás aquí, únete a nosotros.

—No Rogelio, gracias. Ya sabes que siempre estoy pendiente de todo lo que ocurre. Tengo unos papeles que quiero revisar contigo en la tarde, es uno de mis casos más relevantes.

—Perfecto Leo,  pon al tanto a Alberto quien se encargará de dar curso a todo lo que tiene que ver con esta sede y las foráneas. A él, le reportarás en lo sucesivo..

—¿A él le reportaré? ¿Y qué va a hacer el viejo de aquí en adelante? ¿Vegetar? No, no, no yo no quiero reportarle nada a este pelele de Alberto, a este ya voy a encontrar la forma de borrarlo del mapa (como hice con el otro, que ahora reposa en silla de ruedas). En esta firma son muy estrictos con la moral de los socios, así que ahí me voy a afincar

Salgo hacia mi oficina, para buscar a Julia, pero antes hago una llamada.

—Hola, ya tengo a tu presa. Te envié los datos por mensaje. Te quiero hoy mismo instalada allí. Lo que cuestes, estará bien.

Sigo al encuentro de Julia. Vamos a comer. Ella feliz por el final de su postgrado y por el “ascenso” que me han dado. Yo con mi mejor cara de tristeza.

—Amor, a partir de ahora, nos veremos mucho menos. Dejo caer esas sentidas palabras, como al descuido.

—¿Qué dices? No estoy entendiendo Leo.

—Es muy sencillo preciosa, voy a estar de viaje constantemente.

—Hay no lo pensé, mi amor. Solo contemplé que tuvieras tu ascenso y que ya como responsable de  alguno se los negocios de la firma, pudieras hablar con mi padre para que formalmente nos comprometiéramos.

Ahora entiendo de quién fue la ocurrencia. A veces quisiera ponerle algo de lo que pongo en el café de su papá, a ella también.

Pasan algunos días y retraso mi salida a uno de las viajes que me han agregado en la lista.

Debo cerciorarme que mi plan para destronar a Alberto ya esté en marcha. Lo que no se hace esperar.

En horas de la tarde llega un correo masivo a todos los abogados de la firma, incluyendo a Rogelio.

Es un video caliente, en el que se puede ver claramente a Alberto teniendo sexo con una chica espectacular. Él esposado a la cama, diciendo cualquier tipo de vulgaridades, ella haciéndole sexo oral.  El detalle al final del video, es de lo mejor… Su esposa entra a la habitación y los encuentra. La niñera, que es ahora la zorra de su marido, desaparece. En su lugar queda una esposa dolida y furiosa. Fin del acto. —Mejor no pudo salir, si lo hubiera ensayado no habría resultado tan genial.  Estoy tan satisfecho que voy a doblarle el pago a “Kitty” y de paso me hecho un revolcón con ella. Empieza mi venganza.

Luego de ver ese video, Rogelio convoca a Junta extraordinaria nuevamente. Un obstáculo más es quitado de mi camino.

Coloco una dosis extra en la bebida del viejo. Antes de terminada la reunión, aparecen los síntomas, un infarto se presenta. En la sala de urgencias, contemplo que todo empieza a estar en su lugar. Alberto suspendido de sus funciones, el viejo en cuidados intensivos y Julia totalmente bajo mi control.

—Definitivamente, si uno quiere que las cosas sean como deben ser, hay que intervenir.

 

Con ello awilda evitamos repetir lo de anuncio

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