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MARCO POLO by Conchi Ruiz Mínguez

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“Escribe sólo lo que yo te dicte,

ni una palaba más

ni una palabra menos”

Lo dijo señalando con el dedo y empleando un tono de voz seco, áspero, tal vez incluso un punto hiriente.

Marco tenía sus razones. Rustichello de Pisa, medianamente conocido por su obra novelada sobre La Leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda como parte de La Compilación en la que detalla las aventuras de dos generaciones de héroes del rey Arturo, y Marco Polo, habían cruzado sus vidas cuando fueron tomados prisioneros en la batalla naval de Kórcula, isla situada frente a la costa dálmata en la actual Croacia. Ambos pelearon en bajeles venecianos contra los genoveses, que eran sus mayores adversarios en los primeros tiempos del comercio mediterráneo. Y en esta ocasión habían perdido.

Aprovecharon el tiempo que pasaron juntos en la cárcel para escribir el libro que Marco Polo quería y al que llamó Descripción del Mundo, pero aquel título no gustó a los editores y lo llamaron Las Maravillas del Mundo. Tampoco a los italianos y menos aún a los venecianos, que lo apodaron “Il Milione”. De una manera o de otra, dicen los expertos que es el libro de viaje más vendido de la Historia. No es de extrañar, dado que se trata de una apasionante aventura por tierras desconocidas que duró casi veinticuatro años.

En el siglo XIII, cuando vino al mundo Marco Polo, Venecia era una gran ciudad de casi cien mil habitantes y una de las mayores potencias comerciales de aquella Europa medieval.

Esta ciudad acuática llegó a alcanzar una enorme fuerza marítima que contribuyó a su economía. La Artesanía producía dinero y la gran burguesía italiana aprendió a invertirlo. Pero lo fundamental para el auge económico fue el comercio lejano. Las ciudades marítimas italianas heredaron desde principios del siglo XII la navegación del imperio romano de Oriente, ya en decadencia, y se apoderaron del comercio en el mediterráneo oriental y en el próximo y lejano Oriente. Todavía hay nombres de telas como el damasco, la muselina (tela de Mosul) y la gasa (tela de Gaza) que recuerdan esa edad de oro del tráfico oriental italiano. Fue en este escenario en el que el veneciano Marco Polo, a sus diecisiete años, emprendió su largo viaje a Oriente.

El viento hacía sonar como latigazos el trapo de las velas. La Princesa Cocachin observaba la silueta de la costa china desde la nao capitana de aquella flota formada por trece bajeles con cuatro palos y doce velas por embarcación. Lo hacía cada mañana, pues sabía que nunca más volvería a verlas, porque su destino estaba muy lejos de allí, en el país de los tártaros de poniente donde reinaba Arghun, su viejo y futuro esposo. Esa sensación de melancolía que la envolvía a sus 17 años sólo encontraba bálsamo cuando aparecía Marco y le contaba historias de sus dilatados viajes. A sus cuarenta años, él la trataba como una hija y ella le correspondía pensando a cambio de que el elegido por Kublai Khan para ser su marido hubiera sido Marco Polo.

Él se encontraba feliz. Volvía a Venecia después de 23 años, tiempo suficiente para que se difuminaran los recuerdos de su ciudad natal, los ríos que formaban las calles, las caras de sus familiares, las iglesias, los palacios, los monumentos. A veces se le veía sentado en popa, tal vez recordando aquel día de 1271 que, con 17 años, embarcó con su padre y su tío para alcanzar la corte de Kublai Khan, emperador del imperio chino, gran señor de todos los tártaros y descendiente directo de Gengis Khan. Marco Polo viaja a China y deja testimonio de su viaje en el Libro de las Maravillas.

El comercio de las especias ha sido desde tiempo inmemorial, una actividad humana fundamental en occidente. Las especies se cultivaban en oriente y de allí había que traerlas en las épocas medievales, su importancia era básica en la nutrición, pues, además de condimentar los alimentos y conseguir que determinados productos tuvieran mejor sabor, servían para su conservación en aquella época en que no existían los frigoríficos, sobre todo en zonas y temporadas cálidas.

También se utilizaban como medicina natural y para fabricar productos de perfumería. Fueron unos artículos de lujo, pues el transporte desde tierras tan lejanas lo encarecía enormemente.

Marco Polo en su Libro de las Maravillas, habla en numerosas ocasiones de las especias y cuenta cómo se utilizaban y nombra las siguientes:

Almizcle, Canela, Jengibre, cinamomo, ajo, azúcar, sal, pimienta blanca, pimienta negra, nuez moscada, galanga, azufaifas, clavo, alcanfor, bergí, sándalo bermejo, nueces de indias y benjuí amarillento.

Muy pronto, Marco dio muestras de su gran habilidad como comerciante, pero ante todo como diplomático. Salía airoso de cualquier problema sin utilizar otras armas que su palabra. En Jerusalén recogieron el aceite pedido e inmediatamente se introdujeron en el Asia profunda allá donde pocos europeos habían llegado. Cuando los vientos, las temperaturas extremas, el hambre, la sed y otras calamidades amainaban, en los interminables momentos que brindaran caminos como la Comarca del Árbol Seco y la Vía del Karakorum, posteriormente llamada Ruta de la Seda.

Algunos historiadores ponen en duda que Marco Polo llegara a China basándose en la ausencia de referencias a la Gran Muralla en el transcurso de su libro, pero sí pudo comprobar que las yurtas (tiendas mongolas) los caballos y los camellos eran utilizados por los nómadas y el ejército con el fin de dar movilidad al avance de hombres y animales.

La Emperatriz Si Ling-chi, quien tenía fama de poseer mano suave y cariñosa con las plantas, observaba con cuidado las hojas de morera y los capullos que parecían marchitarlas en sus árboles. Sucedió el año 2675 antes de nuestra era y el examen lo hizo para cumplir con la petición hecha por el Emperador, su esposo Huang Ti, sobre la mesa había una infusión de té que ella solía tomar muy caliente. En un descuido, un capullo cayó en el interior de la taza y cuando quiso sacarlo se dio cuenta que tenía la propiedad de un hilo finísimo que se tintaba con facilidad. De ese capullo hizo una bobina y mandó tejerlo. Había nacido la seda, una tela reservada a los grandes señores cuya manufactura se mantuvo oculta durante siglos con la amenaza de pena de muerte a quien revelara el secreto.

Cuando los tres Polo llegaron a la corte del Gran Khan después de tres años de viaje y dos de espera en Venecia, Kublai se sorprendió y los mandó llamar al instante. Había pasado tanto tiempo que dudaba de la palabra dado por los venecianos para volver con las peticiones que les había encargado. Ante su presencia, los tres se arrodillaron, pero el Gran Khan les conminó a que se levantaran y hablaran de pie, como sólo lo hacían sus familiares y personas muy cercanas de rango superior. Fue el comienzo de una gran amistad que duró 17 años.

Escribiría Marco Polo en el capítulo XXII del Libro de las Maravillas:

“En la zona limítrofe a la Georgia hay una fuente de la cual mana aceite en abundancia (¿petróleo?) de tal suerte que pueden cargarse 100 naves a la vez, pero no es comestible, más combustible y sirve para ungir los camellos contra la tiña y el forúnculo, y los hombres vienen de muy lejos a recoger este aceite y en toda la comarca no se quema más que esta sustancia”

Llegaron a Venecia. Nada reconocían, a nadie conocían. Después de 24 años de ausencia habían olvidado la lengua veneciana, que hablaban como lo hacía el turco. Llamaron a la puerta de su hogar y debido a los harapos que vestían, fueron arrojados a la calle como si fueran mendigos. Pero bajo esas vestimentas humildes había joyas dignas del más grande entre los ricos venecianos y, en el puerto, el barco esperaba con seda, cerámica, objetos de oro, plata y bronce, especias y un montón de otras mercancías de gran valor. Aquello convenció a su familia e hicieron fiestas muy celebradas.

Marco Polo, al fin, estaba en casa.

 

RESUMEN HISTÓRICO

Marco Polo, nacido en Venecia el 15 de septiembre de 1254, fue un mercader y viajero veneciano​ célebre por los relatos que se le atribuyen sobre el viaje a Asia Oriental, manuscritos por Rustichello de Pisa con el título original de Il Milione, y conocido en español como Los viajes de Marco Polo, narración que dio a conocer en la Europa medieval las tierras y civilizaciones del Asia central y China. Existen discrepancias entre los historiadores sobre el hecho de que Marco Polo haya realizado efectivamente los viajes que se le atribuyen, en particular aquellos que lo ubican en Mongolia y China, de los que proviene su celebridad.

Según los relatos, Marco Polo nació y aprendió a comerciar en Venecia mientras su padre Niccolò y su tío Maffeo, viajaban por Asia donde habrían conocido al Kublai Kan. En 1269 ambos regresaron a Venecia y vieron por primera vez a Marco, llevándolo con ellos en un nuevo viaje comercial a Asia, en el que habrían visitado Armenia, Persia y Afganistán, recorriendo toda la Ruta de la Seda, hasta llegar a Mongolia y China. Las narraciones afirman que Marco Polo permaneció 23 años al servicio del Kublai Kan, emperador de Mongolia y China, llegando a ser gobernador durante tres años de la ciudad china de Yangzhou y volviendo a Venecia en 1295 que estaba en guerra con su rival, la República de Génova. En el transcurso del conflicto Marco fue capturado y encarcelado por los genoveses. Fue en esa situación que, en 1298, durante su período en la cárcel, conoció al escritor Rustichello de Pisa, a quien relató sus fabulosos viajes que fueron el tema del libro conocido en principio como Le divisament du monde, Livre des merveilles du monde, o Il Milione.

Liberado en 1299, Marco Polo se convirtió en un rico mercader, miembro del Gran Consejo de la República de Venecia. Murió en 1324 y lo enterraron en la iglesia de San Lorenzo de su ciudad. El relato de sus viajes, inspiró, entre otros, a Cristóbal Colón que poseía un ejemplar del libro cuidadosamente anotado.

En la época de Marco Polo, el comercio en Europa seguía un sistema triangular, en el que los productos de lujo procedentes de Oriente (seda, especias) ocupaban un importante lugar. Estos, en la conocida como ruta de la seda, atravesaban Asia Central y las tierras controladas por los sarracenos, siendo comprados por comerciantes italianos (venecianos, genoveses, pisanos…), que obtenían grandes beneficios al revenderlos luego por Europa. Es por ello por lo que Venecia y otros puertos italianos ganaron en importancia y comenzaron una política comercial agresiva para explotar estas rutas comerciales.

El mundo conocido por los europeos no iba mucho más allá del actual Oriente Medio. Las pocas noticias que se tenían de lo que estaba más allá eran generalmente confusas y muy mitificadas.

Antes de Marco Polo, varios misioneros, como Giovanni da Pian del Carpine, viajaron como embajadores a Oriente, aunque sin conseguir resultados concretos. Se hace referencia a los contactos entre romanos y el Imperio chino, pero éste también estableció contacto con los romanos con anterioridad a la Ruta de la Seda. Uno de los primeros contactos que tuvo China con Roma fue cuando el emperador Ban Chao hizo una campaña contra los nómadas de Asia Central y envió a uno de sus colaboradores, Ga Yin, que viajó hacia occidente visitando los establecimientos comerciales romanos de la costa oriental del Mar Negro. Por tanto, el contacto entre Roma y China era recíproco, pese a que Roma tenía más información sobre China gracias a la multitud de viajes que se habían hecho hacia aquella zona.

El Libro de las Maravillas se convirtió pronto en uno de los más vendidos en la Europa medieval. Se conocen en torno a 200 manuscritos y 35 incunables. La primera edición en español fue impresa en Valencia por Jorge Costilla y datada en 1521 con ilustración del maestro Boucicaut. Biblioteca Nacional París.

By Conchi Ruiz Mínguez

 

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