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DICE EL ESCRITOR…by José Luís Serrano

Imagen sacada de internet

El escritor (esquema de la novela: flechitas de colores, ficha de cada personaje, montañas de fotocopias –a triple entrada: alfabética, temática y por fechas de la hemeroteca o cualquier otra fuente a veces hija del azar) El escritor- decía-  que ahora vive en París dice que hay cierta esquina en Montmartre que le recuerda hasta el punto del asombro un cruce de calles del barrio de Flores en Buenos Aires, el de  Fray Cayetano con Yerbal por el lado del Pueyrredón, lugar que sin conocimiento de causa le evocaba el trayecto en guagua de Santa Cruz a La Laguna por la Cuesta, en Tenerife, que a su vez le traía aromas y sonidos de la subida a la Alfama en Lisboa y alternativamente al barrio alto, subiendo por la calle Quebra Costas, en Coimbra. En realidad bajando: por causa de un paseo descendente con señora que calzaba taconazos por lo que acabó bajándola a caballito… y aunque ciertamente delgada su considerable estatura complicaba el trámite hasta un poco más de ahí. En fin, sonrisas en el recuerdo… lo que el escritor no sabe es que se irá a vivir a Praga donde no parará –sin saber que lo hace- hasta encontrar algo que le haga recordar cierta esquina de Montmartre que le recuerde hasta el punto del asombro… y continuar con esa secuencia que le proporciona un cierto sentido del orden, una sucesión de sensaciones en las que se sabe a gusto… y un tanto necesario. 

Hoy ha despertado abrazado a Marta cuya belleza le  es aún más serena cuando duerme y sabe que está a punto de abrir los ojos y sonreírle… no puede evitar que su sonrisa le recuerde los ojos Tasha: una síntesis del bullicio de la Herzog-Friedrichstrasse al final de María Theresianstrasse, donde el tejadillo de oro, en Insbruck y un lánguido paseo nocturno  por Porta Galliera en Bolonia. Tasha, en sus ojos, devolvía la bajamar y  ahí fluye la inquietante Mabel cuyo abrazo nocturno apretaba como si fueras la tabla del náufrago…  pero el agua donde naufragar era  Zhya…

Ahora  Nenna le recuerda un pasaje escalonado  en Salzburgo y todos los recuerdos se entrelazan, se confunden  y los archivos pierden su función , desfondadas las gavetas en una pléyade de íes  griegas afanada en sumas heterogéneas … y la rosa de los vientos es un tiovivo donde, mientas esperan turno, los baúles y los registros cambian cromos.

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