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Dossier: Frankie ¡Te amamos!—02

Frankenstein ha nacido en Barcelona by j re crivello


Elsa Lanchester as The Bride of Frankenstein a American horror film the first sequel to Frankenstein (1931).

Ajetreado está el día, ha amanecido lloviendo. Es una de aquellas jornadas en que Barcelona esta mojada y sus turistas van camino del pedernal de los museos, donde habitan seres atrapados en su recuerdo. Por ello hemos decidido visitar uno, si nos acompaña…

Está en el corazón de la maquinaria del turismo, en una nave abandonada muy cerca de la Plaza del Pi. Al abrir sus puertas, sucesivamente llegamos hasta una amplia nave de cartón piedra. En el centro si Ud. levanta la mirada, a una altura de 60 metros, vera un agujero redondo y alto. Por allí se cuelan las palomas de esta venerada ciudad. Al dirigirnos hacia el catafalco central, podemos ver donde trajeron al mundo a Frankenstein. ¡Sí!. Aunque le parezca extraño no fue en un castillo abandonado de Silesia, sino en pleno centro de la Ciudad de los Prodigios. Pero sería mejor que habláramos del Mito del fortachón que tenía un cerebro débil.

Poder crear vida es un laberinto, los primeros en lograrlo son los escritores. Se levanta Ud. temprano o se bebe una jarra de sangría la tarde anterior, y al día siguiente está listo para la tarea. O bien le desprecian, o insultan y puede escribir. Las criaturas que salen de estos señores están trucadas. Son seres que les conducen hasta inexplicables laberintos. Deberíamos confesar que multitud de veces, los escritores desean apartarse de esa momentánea perdida de locura. En ello nos parecemos a Victor, el padre de Frankenstein, debemos tratar con la madeja de crear con orgullo una inexplicable pirueta de personalidades, algunas altivas, otras ajenas, o egoístas, o maltratadas por la sociedad, como es el caso que nos ocupa.

La vida artificial

Pero la molécula de vida artificial nos remite al tótem de nacer desde una aplicación. Los informáticos están en esa onda. Crearan diferentes mundos virtuales que se relanzan sucesivamente ante el contacto cálido de un ser humano. Pero la vida virtual avanza con reglas que replican nuevas modas.

De lo cual Frankenstein estaba a la espera de ser un sujeto que expresaba su soledad. Era un incomprendido. Los mundos creados por un genio o una locura arrebatan a cualquier lector, o al navegante virtual o al humanoide que dimos vida en una nave del centro de Barcelona. Nadie lo ha dicho, pero millones de turistas pasean alrededor de este antiguo museo. Nadie conoce esta nave abandonada bajo cierre -del Ayuntamiento. Es el pasado de una ciudad fea. Ahora el presente es una nueva imaginación, febril, rápida, inconstante. Millones de individuos suben y se desplazan emulando al sueño de Frankenstein. Así es el turismo. Sueño, creación, disfrute hasta que la luz se apaga.

En los ejemplos citados, la superficialidad es el núcleo del deseo. Franki (en su mito), o el turista medio recorren a la búsqueda de la satisfacción efímera. La ciudad fea se esconde y repliega. Entre ambos una galaxia llena de imaginación sigue procreando.

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