narrativa

Demasiado Tarde by Fran Arge

El anaranjado del ocaso se filtraba por las cortinas de la ventana del salón ayudando a Araceli, a repasar, con manos temblorosas, el álbum familiar. En sus páginas, reconocía a cada una de las personas que aparecían en las diversas fotos; padres, abuelos, tíos o primos. Ella misma, se contemplaba en esas imagines que recordaba de memoria; pequeña como un cachorro en los brazos de su madre, de niña con sus dos coletas, su primera comunión… La Araceli con granos en la frente de una adolescencia que empezaba a asomar, le hicieron esbozar una sonrisa de rubor que aún le ofrecía algún cosquilleo en la memoria.

De pronto, sus ojos se entornaron y brillaron en las sombras que se instalaban con más presencia ganado la batalla al astro rey.

En ella, aparecía Juan, su primer y único amor. Con el pecho encogido, recordaba todo lo que había dado por esa relación que incluso su corazón agotado, aún arrastraba las cicatrices de la traición.

Una lágrima se le escapó por un rostro llenos pliegues que los años habían marcado.  En las siguientes fotos, aparecía cada vez más sola. Las ausencias, que el tiempo no había perdonado. Por su parte, ella, había decidido casarse con la soledad y el dolor.

Cincuenta años después, se arrepentía. Había sido una cobarde que había decidido huir para no sufrir.  El último ápice de luz se despedía hasta un nuevo día, momento, que Araceli, abrigada por la penumbra, volvía a descargar una lluvia de salitre como castigo por su tardanza.

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