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CUENTO DEL ABUELO MELCHOR by Antonio Toribios

Imagen tomada de Pinterest

Corrí a abrir la puerta y me encontré con un señor de barba que no conocía. Llamé a mi madre que, para mi sorpresa, estalló en sollozos mientras le abrazaba. Mis hermanos y yo asistíamos a la escena con más asombro que cuando Renato caminó sobre el alambre. Luego nos sentimos estrechados contra el traje de pana que olía a intemperie. Mi madre, antes de poder aún articular palabra, trajo el cuadro en que aparecía de pequeña con el abuelo, aquel que había tenido que irse lejos hacía tanto tiempo. Entonces tenía la barba negra y el gesto grave.

Desde la muerte de papá, se notaba en casa un gran vacío en Navidad, pero este año todo fue diferente. El abuelo era un gran contador de historias. Todos le mirábamos tan embobados que las grandes y pequeñas carencias dejaron de importarnos.

El día de Reyes nos levantamos temprano. Esperábamos, como siempre, hallar en los zapatos regalos sencillos: higos secos, peladillas, algunas monedas. Para nuestra sorpresa, la galería amaneció llena de grandes cajas de vistosos envoltorios, con nuestros más inalcanzables deseos dentro. Corrimos a la alcoba del abuelo, pero no estaba. Desde la foto nos miraba sonriente.

Leído en YouTube por Mercedes Marín

2 respuestas »

    • Intuyes bien. Renato iba por los pueblos y caminaba sobre un alambre. La leyenda dice que se mató. Lo recojo en algún cuento mío y aquí aparece como autocita en plan lectores cómplices.
      Gracias por esa lectura tan detallada, Cabrónidas.

      Me gusta

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