
Imagen facilitada por el autor
Cierta mañana en que el espectro de Descartes se levantó especialmente carnal
dijo muy digno aquello de:
―“Pienso luego existo.”
El cabo de la Guardia Espiritual al oír tamaño atrevimiento se levantó ante los demás espectros y con contundencia exclamó:
―¡Sin mi autorización, aquí no existe ni Dios!
Y el espectro de Descartes, cortado, se sentó y se calló, y se tuvo que joder porque no quería, además de no poder existir, cobrar.
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