Mucho antes de que existiera Uber, DiDi y otras opciones de transporte, tomar un taxi desde mi casa hasta el Esterito no era una opción, por lo menos desde el punto de vista de mi bolsillo, así que el día que tuve que meter mi carro al taller, tomé el pesero que cubría la ruta llamada «periférica» que inicia en el panteón, cruza la ciudad, rodea Walmart y regresa. Esta ruta hace una parada obligatoria en el centro y allí, mientras los demás esperamos que las otras unidades se muevan, es donde un señor de unos 70 años pregunta al chófer hacía donde se dirigía. El chofer le contesta:
—Voy para el panteón.
El señor, poniendo un pie sobre el primer escalón para subir a la unidad, con un comentario lleno de sabiduría, se dirige tanto al chofer como a los que ya estamos sentados:
—Todos vamos para el panteón, hermano. Todos vamos para el panteón.
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