jueves, junio 18 2026

ROSA by María José Neira Garnelo

Eran las ocho y cuarto de la tarde. Rosa, la sufrida dependienta de la floristería había echado la persiana y se disponía a recoger como todos los días, cuando el señor Carlos, el dueño de la floristería, El Capullo, asomó la cabeza por la puerta de la trastienda y la llamó.

Rosa se sobresaltó al verlo aparecer por allí; era la primera vez que el viejo traspasaba esa frontera. El señor Carlos la miró de arriba abajo, algo que hacía a menudo, pero esta vez le dijo que tenía algo muy importante que decirle. Empezó a acercarse, sin importarle si pisaba el suelo que ella había fregado, excepto en el último tramo, que recorrió de un saltito, colocándose delante de la sorprendida Rosa.

Después de intentar halagarla diciendo lo atractiva que estaba con ese uniforme nuevo más entallado, le preguntó si podría quedarse un rato más para celebrar una reunión. El tono serio con el que su jefe maquillaba ese ataque no asustó a Rosa, quien se disculpó diciendo que motivos familiares le impedían quedarse.

Don Carlos insistía una y otra vez y empezó a presionar a Rosa de otra forma al ver que ésta no cedía. Al cabo de un rato, harto de no obtener resultados, le recordó la situación en la que la chica se encontraba y en la que podía quedarse si seguía negándose, bastaba con que él moviera un dedo.

El jefe ya estaba con su cabeza casi pegada a la de Rosa cuando de repente ésta apartó al viejo, dando un paso hacia adelante. Entonces sacó del bolsillo un aparato que tenía una luz todavía intermitente.

Lo había grabado todo, palabra por palabra, amenaza por amenaza. El señor Carlos se quedó petrificado, jamás lo hubiera imaginado; para él Rosa sólo era una pobre chica sin estudios que haría cualquier cosa por conservar un trabajo como ese.

Rosa se quitó la bata y la colgó en la percha, se puso su chaqueta y cogió el bolso, ante la mirada ya no tan lasciva de su jefe. Se despidió como siempre y salió a la calle. El viento traía el olor de la primavera cercana. Empezó a caminar con paso firme y tranquilo, sin mirar atrás.


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