Se cierran mis manos a su alrededor,
bastón justiciero, firme, rabioso incluso.
Con tu rabia, quiero calmar la mía
y en mis manos, la seguridad de ataque,
la certeza de tu inseguridad.
Golpeo la piedra mutilada,
el duro mármol se deshace ante mis ojos
testigos de tu nada.
Esconderme quiero tras el bastón
para ver pasar tu alma perdida,
testaruda, torturada,
y aguantar, sin miedo, la sombra oculta.
Pisaré sin huella la nieve,
Pisaré las hojas del otoño,
como tantos otros años.
Esperaré, agazapada, la caída irremediable.
ROSA BALBUENA
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