Estoy llena de entidades con designios mágicos que desean morir.
Morir por decir que muero, sin más remedios que esperar el silencio eterno.
¿O era etéreo?
Un delirio me alcanza agónico y suspiro frio ante la pesadez del infierno.
De nuevo no estás. Nunca viniste, y yo me fragmento sin el pegamento de tu mirada que logra hacer de mí, un cuerpo entero.
El alma destila fluidos de sensaciones necias que apuñalan el olvido mientras se alarga la espera.
Estoy herida. Sangrando por alguna parte que no encuentro. Creo que es la grieta del recuerdo, ese horror que no tiene analogías y siempre espera ver tu sombra.
Quiero que salgas de los rincones donde te escondes para horrorizarme cuando me quedo sola, insulsa y sin historias. Cuando entro en mi espacio y recuerdo los orgasmos que me acercaban a la gloria.
Un puñal sin filo que desteje las membranas para entretejerme en el olvido.
Te he recordado hasta pulverizar la memoria ¿Acaso importa?
Sentada en el umbral de alguna historia que relleno con cosas a las que llaman cuerpos, puedo sentirme menos sola, impregnarme de vacíos que dejan nada en mi vida, que dejan nada en mi muerte y sin embargo esa estupidez me sostiene del hilo inquebrantable que se resiste ahorcar este yo que ya es parte de la historia.
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