Dejé marcas en la playa
de la que partió mi barco.
Señalé con caracolas
el camino hacia mi pasado
por si necesitase regresar.
Me escribí cartas
con palabras familiares
para que el olvido
no arrancase las raíces
que anclaron mis infancias.
Recité en voz alta
las verdades aprendidas
en boca de otros,
las soflamas encendidas
sobre el bien y el mal.
Bebí mi ayer,
abracé mis recuerdos
y me los llevé conmigo.
Atesoré instantes gozosos
e idealicé vivencias pretéritas
Sin embargo, en la distancia aprendí …
A ser dueña de mis días
y hacedora de mis noches.
A desbrozar de mi mente
los sueños añosos
imposibles y lejanos.
A perdonar mis errores
y mitigar mis culpas.
A silenciar escrúpulos
que lastraban mis alas.
A liberar mi alma soñadora.
A vivir exonerada
de las críticas de los que ladran
sin importarme sus juicios
ni el clamor de sus voces,
profetas de un dios desconocido.
A no mendigar afectos
ni la aprobación ajena de mis actos.
A bailar con mi propia música
y vibrar con la sintonía
que me nace del alma.
En la distancia comprendí
que el hogar está
donde el corazón reposa,
que el futuro se forja
en el crisol del presente consciente.
Soy la protagonista de esta historia.
La vida la construyo, como dijo el poeta:
Golpe a golpe, verso a verso.
Escribiré las estrofas de mis días,
hasta que la muerte ponga punto final al poema.
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Precioso. Enhorabuena.
Muchas gracias, Adela por comentar.