lunes, junio 8 2026

Encadenado por Carlos Cubeiro

Mikel, sentía sus manos atadas a la espalda. No lograba saber dónde se encontraba, sólo que
sus pies estaban descalzos y mojados. Sus ojos tapados y su boca amordazada le impedían
orientarse y pedir ayuda. Una vez que aquel narcótico perdió su efecto descubrió que alguien lo
había sujeto a un poste de madera con gruesas cadenas que le rodeaban el cuerpo del cuello a los
tobillos. Notaba cómo poco a poco el agua subía de nivel. De cubrirle sólo los tobillos pasó a
llegar a sus rodillas y de ahí seguía subiendo por su cuerpo desnudo a más velocidad de la
deseada. No sentía frío pero la angustia de poder morir ahogado lo hacía temblar. De pronto,
sonó su teléfono que siempre llevaba colgado del cuello y que su captor se lo había dejado para
hacerlo sufrir en el caso de ser una llamada amiga.

Así fue, a las tres en punto de la madrugada el tono de llamada le indicó que el intento de comunicación provenía de Anitha, una buena amiga. Una, dos y hasta seis veces repitió ésta las llamadas, luego el silencio mientras el agua le llegaba al pecho. Mikel miraba hacia las nubes que empezaban a soltar gotas de una en una al tiempo que la marea crecida casi alcanzaba la barbilla.

Sonó de nuevo el móvil con tono general y encadenado como estaba no podía saber quién llamaba. La funda protectora del teléfono era de goma que hacía de flotador con lo que según subía el nivel del agua, así lo hacía también su móvil. Era una oportunidad de lanzar un SOS. Con el mentón intentó varias veces desbloquear la pantalla sin lograrlo, estaba claro para él que debía esperar que lo llamaran y así sí podría ponerse en contacto activando la recepción de la llamada.

A eso de las cuatro, una nueva llamada de un número oculto. Mikel con dificultad logró pulsar la tecla verde y… antes de que pudiera articular palabra, su interlocutora de acento indeterminado dijo: Señor, buenas tardes. Le estoy llamando de la compañía Telofone y quiero ofrecerle las mejores ventajas… Mikel intentó interrumpir la conversación en más ocasiones de las que podía recordar pero…imposible. Verá, le ofrecemos descuentos en cada llamada… imposible de nuevo. El agua le llegaba a la boca por mucho que intentaba estirar el cuello y pronto no sería capaz de hablar debido al agua que empezaba a tragar mientras la tal Patricia Pérez seguía a lo suyo relatando las ofertas maravillosas de la compañía. Harto ya de tanto parloteo, Mikel gritó: !! Me estoy ahogando,
llamé a emergencias!!. No logro entenderlo, se está perdiendo la cobertura. ¿Me dice que quiere
contratar? Le digo que me ahogo. ¿ Lo entiende ahora?. Entonces llamaré a emergencias, espere, no se mueva…Por fin me ha escuchado ¿ Llamará?.

Mikel abrió los párpados, se hallaba en una sala pintada de blanco y enchufado a un sin fin de
aparatos que sólo sabían emitir pitidos seguido e intermitentes. Veía gentes por los pasillos
corriendo de acá para allá con sus impecables batas blancas. Los rayos del sol entraban por la
ventana. ¿ Estaré muerto, será esa la luz mágica que me llevará de éste mundo?. En ese
momento, una joven de tez morena y muy hermosa entró por la puerta, traía en la mano una caja
con un tremendo lazo.

Mikel al verla preguntó con voz cansada¿ Estoy en el cielo, quién eres?

La respuesta lo dejó a punto de un síncope….

Soy Patricia Pérez…

@Carlos Cubeiro texto
@imagen Pinterest


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