Confiamos en Dioses para ocultar nuestros demonios sin remordimientos y borramos sin querer las huellas de nuestra sombra fiel que insiste en perseguirnos a través de senderos secretos donde hemos sembrado el amor, donde hemos encendido la hoguera de las pasiones en las largas noches vacías de la incertidumbre, del acoso de la porfiada rutina, donde sin embargo seguimos explorando las calles descifrando pequeñas oscuridades, diminutos gestos de esperanza, rescatando almas con palabras maltrechas que sobrevivieron al silencio.
Y tal vez en un futuro mi nombre se esgrima en conversaciones anónimas, en febriles cartas escritas siempre sobre las cornisas del corazón, en ese salto al vacío que es el tiempo, ese vértigo cansado que los relojes trabajan en las paredes regalándonos siempre la puntual y tensa emoción de esperar.
Y los disfraces que nos desnudan tal cuál somos, y el cómplice amanecer, esa moneda de oro que nos dice ahí vamos de nuevo, y llega a la ventana con la luz mortecina de agosto que una pandilla de pájaros ladrones honra con su vuelo y con su canto ,mientras yo sigo aquí, bailando tu recuerdo grato con el fantasma loco de tú nombre.
@Jesús María Cello
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