Tenemos en el brocal de un pozo,
la esperanza.
Un eco sarcástico
nos devuelve el silencio,
pero un gran golpe de fe
lo va llenando,
y al recorrer su vertical garganta
en su más hondo abismo,
escuchamos un pequeño sollozo
dónde el miedo, ya no amordaza
nuestra alma.
Brilla en los ojos de la vida,
la estrella que hasta Julen nos guía
pero el anochecer amanecía.
Nuestras voces de nuevo,
se alzaron en un nuevo grito
en homenaje y fuerza
para que no se rinda el niño.
¡Aguanta Julen,
estamos muy cerca, mi niño!
Hay tanto que agradecer
a tantos quienes saben dar
sin pedir nada,
a quienes calman su sed de vida
hasta la extenuación
junto al brocal ennegrecido.
Todo esto me hace comprender
que no cabe rendición, ni olvido.
Refleja la grandeza del ser humano
cuando se trata de devolver
a los brazos de sus padres
el amor encarnado de su hijo.
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