Había una vez un bosque olvidado, escondido entre las sombras de los mapas y los sueños. Se llamaba el Bosque de los Suspiros, y sus árboles susurraban secretos al viento. Nadie sabía cómo llegar allí, excepto aquellos cuyos corazones estaban cargados de añoranzas y esperanzas rotas.
En el corazón del bosque, bajo la luna plateada, vivía una criatura solitaria. Se llamaba Elara, y su piel era tan pálida como la nieve. Sus ojos, dos luceros tristes, guardaban los recuerdos de los que habían perdido su camino en el Bosque de los Suspiros.
Elara tenía una tarea: recoger los suspiros que flotaban en el aire. Eran como burbujas de cristal, llenas de emociones atrapadas. Algunos eran suspiros de amor no correspondido, otros de sueños rotos o promesas incumplidas. Elara los guardaba en frascos de ámbar y los escondía en su refugio.
Un día, el alma de un joven llamado Liam entró al bosque. Su corazón estaba lleno de tristeza por un amor perdido. Siguió el rastro de los suspiros, guiado por la melodía triste que flotaba entre los árboles. Cuando encontró a Elara, ella lo miró con sus ojos de luna y le ofreció un frasco vacío.
-¿Qué hago con esto?, -preguntó Liam.
-Recoge tus suspiros, -respondió Elara. Los que ya no necesitas. Los que te atan al pasado.
Liam cerró los ojos y suspiró. El aire se llenó de destellos dorados. Lentamente, atrapó los suspiros en el frasco. Uno por uno, los liberó de su pecho. Cuando terminó, Elara selló el frasco con un beso y lo guardó junto a los demás.
-¿Y ahora qué?, -preguntó Liam.
-Ahora puedes seguir adelante, -dijo Elara. El Bosque de los Suspiros te ha escuchado. Quizás encuentres un nuevo camino, una nueva historia.
Liam sonrió y se adentró en el bosque. El aire olía a esperanza. Los árboles murmuraban palabras de aliento. Y Elara, la guardiana de los suspiros, observaba desde su refugio, preguntándose si algún día alguien recogería sus propios suspiros.
Así, en el Bosque de los Suspiros, los corazones rotos encontraban consuelo, y los suspiros se convertían en estrellas en el cielo nocturno. Y Elara, con sus ojos de luna, seguía esperando, porque en ese bosque mágico, todo era posible.
@Fabiola Rubio
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