Me perdí
en alientos sin rostro
que ocultaban el tuyo,
en la música lánguida
que me hacía recordarte.
Me caí
en trincheras desiertas
inundadas de sangre y vómitos.
Recogí
los guijarros perdidos
que dejé en el camino
por si volvías a buscarme.
Y de tanto indagarte,
me encontré
en los pliegues de tu nombre.
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