Cuando Marguerite Duras gana en 1984 el Premio Goncourt con El amante, ya tenía setenta años y una obra infinita que seguiría construyendo hasta su muerte en 1996. Una vida dedicada a escribir novelas, obras de teatro, guiones de películas. En 1943 había publicado su primer libro, La impudicia.
Marguerite Duras que nació en 1914, en Saigón, cuando estaba en poder de los franceses, emigró a los dieciocho años a Francia. En El amante, una de sus novelas autobiográficas, Duras relata de una manera fragmentaria ciertos recuerdos de esa infancia y adolescencia en la colonia. Y en el centro de esos recuerdos está la relación con un hombre once años mayor que la inicia en el amor a los quince años. Un chino de familia adinerada, vedado para una chica occidental por más pobre que fuera. La conexión intensa se construye a través del cuerpo. Un entendimiento profundo, que no necesita de palabras. Un refugio, un oasis en medio de la miseria, de la mala relación con su madre viuda y desesperada por las deudas, del temible hermano mayor y de su hermano menor tan amado, pero tan débil.
A décadas de distancia, Duras recuerda esos momentos; los retoma, los revive y los reafirma hasta formar bloques compactos en su mente y en el papel. Bloques de poesía, de misterio, escenas cargadas de sensualidad. Los recuerdos se mezclan, se adelantan, retroceden. Ese desorden y ese pensamiento recursivo construye un tiempo circular en el que no hay principio ni final y todo es, al mismo tiempo, causa y consecuencia. El vértigo del pasado repetido una y otra vez y siempre un poco diferente.
Comienza así:
Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: «La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado». […]
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí.
Entonces comienzan los recuerdos. Y el trauma de la pérdida y de esa infancia penosa se revelan en la sintaxis quebrada, en las frases, a veces de tan solo una palabra. La prosa de El amante tiene ritmo, tiene música, tiene párrafos perfectos, Los narradores y los tiempos cambian según la forma en que ella recuerda: a veces en tercera persona, como si fueran recuerdos lejanos de otra vida, de otra adolescente, otras veces con la intensidad del presente, y otras, como algo que aún está por pasar.
Otras obras de Marguerite Duras son: Un dique contra el Pacífico y El amante de la China del norte (autobiográficas), La vida tranquila, Moderato cantábile, El dolor, La lluvia de verano (novela) y Escribir (ensayo).
El amante / Marguerite Duras / Traducción Ana M.a Moix / editorial TusQuets / 142 pág.

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