«Las ilusiones perdidas, son verdades halladas» eso al menos leí en algún lugar.
Caminé con la mente en blanco, en el silencio del momento, en la quietud del lugar, sin darme cuenta de que los elementos del día, iban dando paso unos a otros.
No sentía dolor en los pies, a pesar de llevar unas sencillas zapatillas de esparto.
El polvo del camino bañaba mi piel pero no me molestaba. No bebí agua en todo el día y aún así no estaba sediento.
No desayuné, no por qué lo olvidará, salí tan temprano a caminar que guarde unos trozos de queso curado, unos frutos secos, agua y pan y sin darme cuenta el día pasó sin comerlos.
Y ahora que bajo el manto de estrellas me encuentro, inmenso universo para el que no tengo palabras suficientes, ni adecuadas para describir. Me tumbo, en este páramo donde la NADA queda y así me siento NADA.
En esa inmensidad que me deslumbra, mientras dormida en un rato quedo, no sin antes notar que sobre mi rostro mis lágrimas se derraman.
@María José Luque Fernández
@Imagen Cuadro expuesto en el Museo Contemporáneo de Carrión de los Condes en Palencia.- España.
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