domingo, julio 5 2026

Esfera Capítulo 5 por Gocho Versolari

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Los médicos estaban desconcertados. La joven había ingresado con escasos signos vitales y un posible daño cerebral. Era inexplicable que hubiera recuperado de pronto la conciencia y la salud. Tardaron en autorizar el alta, ya que temían una recaída.

El mismo día de su egreso de la clínica, fueron a ver al doctor Petrov. El médico recogió del cuerpo de Yelizaveta transpiración, flujo vaginal y vellos de diferentes zonas. Juntó todo en una artesa y lo hizo arder con un poco de alcohol. La llama se elevó hasta el techo. Luego ordenó a la joven acostarse sobre el caparazón de una enorme tortuga que la paseó por el parque de la mansión. Al terminar, Petrov examinó con una lupa las huellas del galápago.

En un intermedio los invitó al parque cercano a la Laguna Estigia que quedaba en su propiedad y les sirvió té helado de hierbas de Ucrania.

— Para el examen siguiente les presentaré a mis colaboradores más eficaces

Exhibió un par de varas plateadas de radiestesia que brillaban bajo el sol del mediodía y cantaban al agitarlas la brisa.

— El soporte es de marfil. Se trata de piezas únicas provenientes de la prehistoria. Sus grabados son simbólicos y exceden la comprensión de los hombres actuales. Están construidas de una misteriosa aleación en la que interviene el platino. No son simples instrumentos, sino seres vivos con inteligencia. Ellas me ayudarán a ver su interior, señora Yelizaveta.

La muchacha se acostó sobre la grama y el médico recorrió su cuerpo con las varas que fueron cambiando el tono de su canto.

— Por el momento todo está bien — dijo Petrov al despedirse — Debo controlarla, por lo que les pediré que vuelvan en pocos días. En cuanto a usted, Nikolai, tengo un disco de cantos rusos que desearía obsequiarle. Le pido que venga a verme mañana en la tarde.

Nikolai entendió que el médico no sólo quería brindarle el disco, sino hablar con él sin que estuviera presente su esposa.

Se presentó al día siguiente y Petrov le ofreció presenciar los resultados de los exámenes de Yelizaveta. Un par de máquinas inventadas por él, alimentadas con los datos orgánicos de la muchacha y algunas fotografías digitales, medían sus niveles energéticos más profundos. En vez de presentarlos en cifras, los mostraban como imágenes. Se sentaron frente a una pantalla, donde el aparato proyectó una fotografía sonriente de Yelizaveta tomada un par de meses antes. A los pocos segundos, sus ojos mostraron una intensa expresión de odio, su sonrisa se convirtió en una mueca de desprecio, su cara se arrugó y un vello hirsuto creció en las mejillas y en la frente. La furia siguió alterando los rasgos y cuando se transformó en un monstruo, Nikolai pidió al médico que detenga la proyección.

— Quisiera que me explique lo que acabamos de ver.

— Yelizaveta se aferra a la vida, y para hacerlo necesita del odio, de la discordia, como decía Empédocles.

— ¿Del odio? No puede ser, ella lo desconoce.

— Quizá en una sesión de hipnosis podamos determinar cómo hizo para salir de la esfera y qué le espera a ella y a nosotros en los días por venir. Un amor perfecto como el que siente por usted, la llevó a la inmovilidad. Ahora necesita de un odio igualmente intenso para no caer otra vez en la esfera.

— No la veo enojada.

— El verdadero odio no necesita del enojo. Es paciente. Se arrastra como un gusano hasta estallar… a propósito, ¿descubrieron ya al asesino del comisario Carrasco?

@Gocho Versolari.- Escritor, poeta y ensayista.


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