domingo, julio 5 2026

Lo macabro que también somos.- Una mirada humana a Juji Ito Maniac por Lia NCL

Hay algo profundamente inquietante en los relatos de Junji Ito. No porque estén llenos de monstruos, ni porque las imágenes te persigan al cerrar los ojos. Lo que más perturba es lo humano que resulta todo, incluso en medio del horror más grotesco. En Junji Ito Maniac: Relatos Japoneses de lo Macabro, lo que duele no son los dientes que crecen donde no deberían, ni las casas que se retuercen como carne viva, sino la soledad, la obsesión, el abandono, el amor deformado.

Los relatos de Ito no nos gritan, nos susurran. No buscan asustarnos con golpes de efecto, sino con lo que ya habita en nosotros: el miedo a no entender lo que sentimos, a que algo en nuestro interior cambie y no podamos volver atrás. Sus monstruos casi nunca vienen de afuera; brotan desde dentro, como una semilla que germina en la sombra.

Una mujer que sigue oyendo la voz de su marido muerto. Una familia que se deforma lentamente porque ama demasiado. Un niño que desaparece entre paredes. Nada de eso suena irreal cuando lo miramos con el lente de nuestras propias contradicciones: ¿Cuántas veces hemos querido desaparecer por completo? ¿Cuántas veces hemos sentido que algo nos habita, sin saber si es tristeza, rabia o una mezcla que no tiene nombre?

En estos días, donde las noticias parecen sacadas de pesadillas —guerras lejanas pero cercanas, ansiedad colectiva, aislamiento digital, desastres naturales que ya son rutina—, los relatos de Ito se sienten extrañamente actuales. No por su temática, sino por su manera de recordarnos que el horror no siempre es un ente exterior: a veces es la forma en que cargamos el pasado, el silencio que nadie rompe, el afecto que se pudre porque nunca supimos cómo nombrarlo.

Y sin embargo, hay belleza en esa oscuridad. Porque mirar de frente lo macabro es también una forma de reconocerse. Nos permite ver nuestras sombras y, tal vez, entender que no estamos solos en ellas. Que todos, de una forma u otra, llevamos dentro un pequeño cuento extraño, esperando ser contado, entendido, abrazado.

Tal vez, entonces, el mensaje más humano de Junji Ito Maniac no sea el miedo, sino la empatía. La idea de que incluso en el espanto, hay lugar para la compasión. Que todos somos un poco raros, un poco rotos. Y que en esa rareza también hay algo profundamente valioso: la capacidad de seguir sintiendo.

@Lia NCL

@Imagen Pinterest


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