sábado, mayo 2 2026

Contrarreloj by Marcos B. Tanis

Mientras sacudía los libros del estante; encontró una foto antigua. «¡Qué extraño!», pensó cuando vio al sujeto que posaba en la puerta; sujetando su rifle. Tenía un enorme parecido con él, sin embargo, no recordaba que había tenido un pariente que era excombatiente de la Guerra del Chaco, lo supo por el uniforme y la visera.

Debía enseñarle a su padre para corroborar que este hombre era su abuelo, porque nunca lo habían hablado de él ni lo habían visitado alguna vez en algún asilo o en el cementerio. Tampoco su madre le habló de él ni su hermana Fátima que, por cierto, ahora vivía en Noruega junto su esposo y sus dos hermosas hijas pelirrojas.

—Mamá, estaba ordenando mis libros y me topé con esta fotografía —alzó la foto hasta colocarlo en la línea de su visión—, ¿por qué nunca me han hablado de él?, ¿acaso ha hecho algo malo?

Su madre guardó silencio, sabía que aquel momento llegaría y debía confrontarse con el secreto que mantuvieron respecto a don Sinforiano, su suegro.

—Ven, siéntate y te contaré una historia.

Fueron hasta el sofá, primero se sentó su madre y él lo siguió después. A un lado dejó la jarra de tereré y se dispuso a escuchar lo que tenía que decirle.

» Tu abuelo había matado a muchos hombres durante la guerra y quedó con traumas. A veces ni siquiera reconocía a tu padre y me trataba a mí como si fuera una enemiga. Incluso hubo momentos en donde tu padre se rindió y tuvo que golpearlo para que él se calmara. Intentamos que se recupere con miles de tratamientos, pastillas y psicólogos, pero nada funcionó y sus traumas fueron en aumento conforme pasaban los años.

Él solo observaba, incrédulo ante la historia que desconocía sobre su abuelo paterno.

» Un día, don Sinforiano sustrajo su rifle de algún escondite que tenía dentro de la habitación que habíamos dispuesto para él. Primero empezó a gritar que se aproximaban bolivianos y que las tácticas de su superior no funcionaban. Corrimos para ver qué sucedía y lo encontramos tendido en el piso, arrastrándose y fingiendo que había enemigos en la trinchera. Tu padre se aproximó y de repente…tu abuelo disparó.

—¿Por eso papá cojea?

Su madre asintió.

—Saqué las fuerzas de algún lado y antes que ocurra una desgracia, le lancé agua hirviendo y en ese ínterin, tu padre alcanzó a estirar su arma de sus manos y no sabemos cómo ocurrió… —el llanto se apoderó de ella y sus facciones se redujeron a una tímida sonrisa—, y el arma se disparó e hizo pedazos su cabeza. Tuvimos que ocultar el cuerpo y lo enterramos en el mismo lugar que pereció.

Ahora no sabía si fue mejor nunca saber la historia de la fotografía que halló ese día.

—Lo siento, mamá.

—Por esa razón nunca supiste de él y nosotros nos hemos olvidado… hasta hoy.

—No sabía.

—Prefiero que tu papá no descubra que ahora también tú lo sabes, por favor. Él fue el que más sufrió en esta historia que lo marcó para siempre.

—No lo haré, lo prometo —tras ello, se levantó, ocultó la fotografía y continuó sacudiendo el polvo de la pequeña biblioteca.

©2025 Marcos B. Tanis.


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