sábado, septiembre 19 2026

La agenda de los amigos muertos (04) by J Ré crivello

Puede leer la serie completa en Barcelona/J Ré Crivello

“Ningún herido —murmuró. Tan solo un disparo al aire que ha dado en el techo.

Sentí que Eileen se tensaba. Luego se apartó. No había desconcierto en su mirada. La dejé ir.

—Roger —dijo con una voz que no era mucho más que un susurro angustiado, ¿tenías que hacer precisamente eso?” (pág. 285, Raymond Chandler, El largo adiós)

Solo se veían las luces del camión que martilleaban el cemento. Casi olvidados, mi amigo Sergio F. y yo dormíamos en la parte sobre la cabina del volante. Serían las dos de la madrugada; a los laterales, la negrura de la selva tucumana hablaba de ruidos llenos de intriga y peleas por la supervivencia. Ni siquiera las noches de la selva contemplan la paz. Todo ese engranaje de seres, cuida su espacio, su comida, sus límites. Me estiré la piel seca de vaca que transportaba el camón. Olía a carne podrida y seca. Hacia frío. Y escuche un sonido seco. Era como un rumor que templaba la selva. Pero me dormité.

Al despertarme estábamos en una comisaría. Bajamos del camión por su parte trasera. La carga era ilegal y quedaba confiscaba.

¿Y aquel sonido?

Con el conductor viajaban dos amigos de él. Uno de ellos jugando con una pistola le había dado al otro. En una mano deduje, pues estaba envuelta de trapos sucios y su cara no era de alegría.

Miré a mi amigo Sergio F. contamos nuestra versión de hacer autoestop y nos dejaron marchar.

A las cuatro de la madrugada mi colega golpeaba en la ventana de una casa de un familiar. Nos dieron abrigo. La noche quemó sus últimas historias.

Con Sergio F. veníamos desde Brasil, pues al bajar al rio en aquella zona, vimos a un señor que pasaba en un bote. ¿Nos cruzas al otro lado? —gritamos

—¿A cuál? ¿A Paraguay o a Brasil?

“¡Brasil! —gritamos. Y así fue. Pude ver a este amigo pasados los años, aquellos 17 años retumban aún. Él ese día trajo fotos de aquella época. Reímos un buen rato. Era arquitecto y tenía una familia numerosa.

Las ásperas colinas de la vida, se suben con colegas —pensé

Nota:

Amigo lector/ra, ¿usted ha pasado estas colinas también?


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