2- Ya en Sevilla
A las siete en punto de la tarde del día de Nochebuena el flamante automóvil Fiat que
conducía Salomé se detenía muy cerca de la catedral sevillana. Toda la ciudad estaba
engalanada con luces y adornos colgantes que pendían de todos los balcones. Los
jardines más pequeños, las calles se veían iluminadas con multitud de colores. Salomé
se apeó del vehículo para pasear las callejuelas de la zona antigua, envueltas todas
ellas por un halo de magia y misterio inigualables. Se sentía feliz, cada vez se
encontraba más cerca de poder acariciar y besar a su querido Óscar. No sabía aún
dónde lo podría encontrar, pero estando en la ciudad del Guadalquivir se veía casi a su
lado. Un banco de hierro forjado situado en uno de los parques más hermosos Sevilla
le sirvió para dar rienda suelta a su imaginación bajo los millones de brillantes luceros.
Recostada en el frío respaldo elevó su mirada hacia el firmamento acompañado por la
luna creciente.
Aquella era una noche muy especial y aunque necesitaba llegar cuanto antes a
Tánger, decidió que aquel momento era para ella sola y no se movió del lugar. Los
árboles centenarios le impedían a veces ver la totalidad de las estrellas pero no le
importaba, con las que divisaba eran suficientes para hacerla soñar:
“ Óscar Damark estaba frente a ella en el hall de entrada del Hotel Salim de Tánger.
Él la miraba y en sus ojos se adivinaba que pedía perdón por todos los males que le
hubiera causado al desaparecer de forma tan repentina. En la mirada de Salomé no se
apreciaba, sin embargo, ningún rencor por ello, sino inmensa alegría y felicidad ante el
súbito encuentro”.
La piel de Salomé comenzaba a sentir raras sensaciones, comenzaba a evaporar el
sudor que transpiraba sus poros. El calor aumentaba ahora en todo su cuerpo más de
lo habitual:
“ Se abalanzó Salomé hacia Óscar que sin dudarlo le abrió los brazos para recibirla
como ella se merecía. Los labios de ambos se fundieron en un beso que parecía no
tener fin. Muy despacio, suavemente fueron girando dando vueltas el uno entorno al
otro hasta llegar al ascensor de puertas de hierro torneado. Ni por un solo instante se
despegaron lo dos cuerpos y cómo por arte de magia guardaron su intimidad tras la
puerta de la habitación 101”.
El parque se vió envuelto en una nube vaporosa. Los árboles se hallaban ocultos en
la densa niebla que crecía a cada instante. Las estrellas no podían ver ahora el cuerpo
escultural de la joven Salomé. Poco a poco su piel se tornaba rojiza como el próximo
amanecer. Sus cabellos se pegaban mojados a su cuerpo, a su blusa, a su rostro bajo
su sombrero de paja:
“ Las delicadas manos de Salomé iniciaron una ruta descendente acariciando el rostro
de Óscar, encontrando en su cuello la cadena e imagen de oro que ella misma le había
regalado tiempo atrás. En su camino desabrocharon uno a uno los botones de la
camisa azulada. A la vez Óscar Damark conseguía que las hábiles yemas de sus
dedos formarán círculos concéntricos en los pechos de la muchacha, mientras labios y
dientes besaban y mordisqueaba el cuello descubierto de Salomé. De pronto, su blusa
roja comenzó a planear yendo a aterrizar en la verdosa alfombra. La lencería no
resistió la tentación de acompañar al resto de la ropa en su viaje hacia el suelo. En un
giro, el cuerpo de Salomé cayó tendido sobre la colcha aterciopelada, percibiendo en
su cara el fresco aliento de Óscar”.
En ese instante Salomé sintió dentro de ella el impetuoso sonido de las seis
campanadas de un reloj cercano y despertó súbitamente de aquel más que
apasionante sueño que la había transportado al lugar al que ella quería llegar lo antes
posible. Tras el inicial sobresalto se vió elevada a una extraña nube de la que tardó en
bajar, en regresar al mundo real. Una vez logró volver a la realidad se subió al vehículo
y emprendió camino hacia el primer puerto importante. Una vez allí buscaría un barco
carguero que pudiera transportar su Fiat hasta la orilla africana, a Tánger…
Continuará…..
@Carlos Cubeiro
@Imagen Pinterest
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