Es posible que cuando se habla de Perú lo primero que se nos venga a la mente es su pasado mítico, su larga fila de antiguas civilizaciones asentadas durante los periodos precolombinos y medievales; esa larga historia de civilizaciones que se asentaron en su territorio y que da muchas vueltas a la de otros países: la cultura nazca, la chavín, los imperios huari y Tiahuanaco, el reino chimú o el imperio incaico, pero es posible muy pocos hayan reflexionado sobre la posición de la mujer en Perú.
Perú es un país que acoge en sus fronteras a más de treinta y tres millones de habitantes, de los cuales, la gran mayoría, se asientan en Lima, la capital. A pesar de haber mejorado su Índice de Desarrollo Humano en los últimos años, la pobreza, la fragilidad de las infraestructuras, la precariedad de un sistema sanitario y la mentalidad anclada a antiguos valores sigue existiendo en la mayoría de los núcleos rurales. La razón de esta marcha forzosa del desarrollo en el país se debe a la existencia de seis millones de indígenas muy aislados de los centros administrativos de la capital y dispersos en distintas zonas de la Amazonia. La discriminación que sufren en todas las esferas sociales y políticas aumenta su necesidad de asilamiento, nutriéndose de manera recíproca. Esto explica que haya un 16% de la población que no conozca el castellano y siga manteniendo vivas las lenguas aimara y quechua de sus antepasados, algo que, aunque sea un regalo para todos los lingüistas en misiones que desean reconstruir las lenguas precolombinas, para ellos resulta en una baja aclimatación a la vida social y administrativa de la capital.
Los conflictos armados por los que ha pasado Perú desde 1980 tampoco han ayudado a mejorar las condiciones de vida del país. En especial destaca un nombre por encima de los demás: Alberto Fujimori. Desde 1990 hasta el año 2000 Perú estuvo bajo su mandato, algo que no solo afectó a toda la población indígena, sino que se convirtió en un verdadero gobierno del terror para las mujeres peruanas. Decidido a disminuir la cantidad de hombres y mujeres indígenas, decretó la esterilización forzosa de todas ellas, resultando en doscientas setenta mil esterilizaciones entre los años 1996 y 2001, la mayoría de zonas rurales pertenecientes a las culturas aimara y quechua. Más de mil de ellas quedaron con graves lesiones por culpa de la cirugía, los bajos presupuestos cedidos a las prácticas sanitarias que se les practicaron y las medidas nefastas de higiene en las que se llevaron a cabo las esterilizaciones. Más de cuarenta de ellas fallecieron.
Este periodo oscuro en la vida de las mujeres peruanas, sin embargo, no acaba aquí, sino que tiene su continuación en la violencia machista que estas han sufrido y siguen sufriendo en la actualidad. La OMS, consenciente de esta problemática, ha publicado unas cifras alarmantes: más del 69% de las mujeres en medios rurales han sufrido algún tipo de violencia física o sexual a manos de sus parejas o de otros hombres a lo largo de su vida, y un 25% de ellas siguen pensando que sus castigos son merecidos cuando desobedecen la voluntad de sus maridos. El porcentaje de maltrato es uno de los más altos de todos los países, pues se asienta sobre un dicho popular que aún mantiene las tradiciones machistas del pasado: el amor serrano, donde la violencia es equivalente a amor y preocupación por la mujer, y donde la prostitución de la mujer aún es legal.
Ojalá llegue el día en el que todas las mujeres seamos conscientes de nuestros derechos y nuestra valía, donde el nombre «mujer» equivalga, finalmente, a libertad.
Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en
Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.
Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.
Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

