Tengo voz y no es humo, es mi verdad,
la que robaste con tu cruel humillación.
Recuerdo el miedo que helaba mi niñez,
y cómo reías ante mi temblor.
Pero la niña que fui me hizo una promesa:
luchar hasta romper tu prisión de horror.
No son palabras bonitas, es mi trinchera,
el grito que apagaste con tu rigor.
Ya no me das miedo, tu Dios no me asusta.
Amo al Dios que abraza, no al que castiga.
Mi voz es un puño que rompe tu injusta
cadena, y en alto su sonoridad siga.
Grito que a pesar de tu violencia impía,
te quiero y perdono, mas nunca me rindo.
Esta es mi lucha, mi fuerza, mi día.
Mi voz es escudo, ya no me escondo.
©️María Elena López
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