miércoles, julio 22 2026

La fuga.- Capítulo 2 por José Luis Blanco Corral

—¡Lo logramos! —Susurró don Ramón con una sonrisa de triunfo.

—¡Venga, rápido! —Urgió doña Carmen sintiendo el aire fresco de la noche en su rostro—. Tenemos que salir antes de que alguien nos vea.

Salieron al jardín uno por uno, sintiendo la libertad cada vez más cerca con cada paso que daban. Su
plan había funcionado. Habían burlado la seguridad, habían desafiado las reglas y ahora estaban a punto de disfrutar de una noche bajo las estrellas sin restricciones.

Pero entonces, justo cuando se disponían a cruzar el jardín hacia la verja que les llevaría al exterior, un fuerte ruido interrumpió la calma. Era la alarma de la puerta trasera que había saltado al abrirla y que ninguno de ellos había previsto.

La directora de la residencia Edén, la estricta y meticulosa doña Margarita, estaba en su oficina cuando escuchó el sonido de la alarma. Su primer pensamiento fue que alguien intentaba entrar en la residencia, pero cuando miró las cámaras de seguridad, vio a un grupo de residentes en el jardín caminando hacia la salida. Su rostro se tornó pálido y el pánico se apoderó de ella.

¡Los residentes estaban escapando!

Sin pensarlo dos veces, doña Margarita cogió el teléfono y llamó a la policía.

«¡Tenemos una emergencia! ¡Un grupo de ancianos está intentando escapar de la residencia! ¡No sé lo que podría pasarles ahí fuera si lo consiguen!»

Mientras tanto, en el jardín, los fugitivos escucharon el lejano sonido de sirenas acercándose. Don Ernesto, que había oído el ruido de la alarma antes que los demás, fue el primero en darse cuenta de lo que sucedía.

—¡La policía! ¡Vienen hacia aquí!

—Gritó con una mezcla de sorpresa y temor.

—¡Rápido, escondámonos!

—Sugirió doña Rosario señalando unos arbustos cercanos—. Pero antes de que pudieran moverse, las luces azules y rojas iluminaron el jardín y los coches de policía llegaron a toda velocidad.

Los agentes se bajaron rápidamente y corrieron hacia ellos. Al principio no entendieron lo que veían.
Un grupo de ancianos, vestidos de oscuro para una escapada nocturna, paralizados en medio de un jardín en la oscuridad. La escena era tan surrealista que algunos de los policías no pudieron evitar sonreír.

—¡Alto ahí! ¿Qué están haciendo?

—Exclamó uno de los policías, intentando mantener la seriedad.

Doña Carmen, sin perder la compostura, se adelantó y con voz firme respondió: —estamos
protestando. Queremos que nos escuchen, que respeten nuestra libertad y nuestras decisiones. No
somos criminales, solo estamos defendiendo nuestros derechos.

Los policías se miraron entre sí un poco desconcertados. Por su parte, doña Margarita llegó corriendo al jardín completamente alterada.

—¡Señores, por favor, regresen adentro! ¡Esto es peligroso! ¡Podrían haberse hecho daño!»

Los residentes, todavía llenos de la adrenalina del momento, no cedieron de inmediato. Pero al ver la
confusión en los rostros de los policías y la desesperación de doña Margarita, comenzaron a relajarse.

—Tal vez nos excedimos

—murmuró don Ramón, aunque en su rostro aún se veía una sonrisa traviesa.

Al final, los policías, tras asegurarse de que todos estaban bien, hablaron con doña Margarita en
privado. La directora, aunque avergonzada, se dio cuenta de que había malinterpretado la situación. Los residentes no eran delincuentes ni estaban descontentos con su hogar, solo querían un poco más de libertad y autonomía.

Aquella noche, tras el inusual incidente, los residentes fueron escoltados de vuelta al interior. No
hubo castigos ni reprimendas, pero la situación no pasó desapercibida. Al día siguiente, doña Margarita convocó a una reunión especial con todos los residentes para discutir las normas de
la residencia.

—Quiero disculparme por lo sucedido anoche —comenzó la directora, con un tono más suave de lo
habitual—. Entiendo que necesitan más autonomía, y me comprometo a trabajar con ustedes para encontrar un equilibrio que nos beneficie a todos, pero por favor: ¡No vuelvan a darme un susto así!

Muchos de los los ancianos no pudieron evitar que se les escapara una sonrisa.

Rebelión en la residencia  disponible en Amazon
@José Luis Blanco Corral

@Imagen Pinterest


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