Señor Que Firma Las Leyes:
Juan Proscrito, domiciliado al presente en el Centro Penitenciario Las Rejas, ante vd. comparece y como mejor proceda
E X P O N E :
—Que los diferentes ministerios, secretariados y subsecretariados de este estado que vd. preside podrán informarle de la realidad y de vd. dependerá leer los datos de modo que esa realidad no sea interpretada en un sólo sentido, que suele ser el de la moral dominante. Llamo su atención en que Moral y Dominante son términos antagónicos aun cuando el segundo venga a adjetivar al primero.
El dato es el que sigue:
Cárcel de la Zona: Población reclusa: 620
Personal : 1.050
Es decir hay 1,6 trabajadores por cada residente. Y el trabajo en estos centros es de calidad: Concurso oposición, lo que implica propiedad vitalicia del puesto, remuneración razonable, trienios y demás gabelas, algunas con nombre de ministro.
—Que a poco agudo que sea vd. caerá en la cuenta de que esos puestos de trabajo no existirían sin nosotros. Puede, por tanto, decirse sin mentir ni falta a la verdad que somos creadores de puestos de trabajo. En primer lugar los nuestros propios y ya en esta instancia el de aquellos que nos mantienen recluidos y atienden nuestro aislamiento.
Repare vd. en que el ciudadano llamado ejemplar nunca se salta un límite de velocidad en la carretera. Para él no son necesarios los aparatos de control y por tanto tampoco quien lo fabrica, vende, instala, mantiene, controla, impone la sanción, la envía y la recauda; pero vd. dice que esos apararos son necesarios porque hay desaprensivos que se saltan los límites y hacen peligrar (ya hablaremos de esto)… de modo que el origen del bien que vd. dice proteger se encuentra en el mal que hace el que se pasa de velocidad y es por su causa que se fabrican, venden, instalan, mantienen, controlan….
—Que nosotros generamos industria. Somos uno de los motores del progreso del país ¿Cuándo nuestros servicios van a ser considerados como merecen?
Mire, la cosa funciona así: Guiado por lo que quiera que sea, yo elijo una ocupación y a ella me dedico. Por ejemplo: Sustraigo cosas que luego vendo.
¿Qué ocurre? El sustraído, generalmente repone el/los objeto y si la cosa estaba asegurada entra en juego otro sector de la economía, en cualquier caso, hay un intercambio de productos, servicios y dinero en ese nivel que llamaremos transparente del que vd. también obtiene beneficios vía impuestos. (Imponer, obligar… qué lejos del verbo contribuir, tan bonito, tan solidario…) Lo mismo ocurre en la zona opaca con la diferencia de que no hay aquí facturas ni albaranes y no puede olvidarse que los compradores de estas mercancías generalmente pertenecen a sectores no favorecidos con lo que nuestra acción permite el acceso a ciertos productos a quienes, de otro modo, deberían hacer grandes sacrificios o renunciar al disfrute. ( ¿lo ve? … ventajas para todos )
—Que naturalmente se pone en marcha la maquinaria para cazarme (aunque vd. prefiere decir aprehender, capturar) que si da buen fruto, visto desde su lado de la mesa, acabará conmigo en la cárcel –donde ya quedó claro que he creado 1,6 puestos de trabajo- pero antes de llegar ha tenido que atraparme la policía , que sería innecesaria si toda la población perteneciera a lo que vd. llama Ciudadanía Ejemplar, la judicatura que habrá de condenarme –aquí también pléyade de funcionarios de todo rango, condición y antigüedad.
—Que demostrado por tanto que somos un bien social que contribuye al crecimiento del país, del PIB y de todas esas siglas de las que a vds. gusta tanto hablar.
—Que demostrado también el interés social de nuestras diversas ocupaciones llego al quid de la cuestión y es que, por una parte, no gozamos –injustamente, acaso por simple desconocimiento o falta de análisis- del público reconocimiento de las diversas bondades que acarrean nuestras labores como ya he puesto de manifiesto en los breves apuntes precedentes. Tampoco contamos con los beneficios fiscales ni sociales de los que goza cualquier empresa o trabajador de las mismas.
No es de recibo que a determinadas edades estemos trepando por los balcones así como, por ejemplo, no es factible que perdida la facultad del oído, aquellos que han dedicado su vida a las cajas fuertes cuyo mecanismo, además, es cada vez más silencioso –fatal consecuencia de nuestra labor, pero…- se vean en la necesidad de ejercer en otras ocupaciones para las que no están preparados y sea por tanto más fácil su captura con lo que, además de dejar de contribuir al progreso, el estado tiene que mantenerle.
Si un cristalero compra una herramienta para cortar vidrio, su legalidad permite desgravarlo… y eso que su empleo sólo le beneficia a él. Por el contrario, si lo compro yo, tengo que sufragar yo sólo el coste y eso que su uso, en mis manos, garantiza que todos los funcionarios que antes he nombrado sigan trabajando –y cobrando puntualmente su sueldo- además de que el precitado cristalero tenga que colocar un nuevo vidrio y cobrar por ello a su propietario o a la compañía de seguros. ¿lo va viendo? El mismo ejemplo puede traducirse en multitud de casos que reciben, para nosotros, idéntico e injusto tratamiento.
Y ni seguro de accidentes ni jubilación ni nada de nada. Ya vale, ¿no?
¿No va siendo hora de que se nos honre como merecemos? ¿Que tengamos, como los demás, derecho a vacaciones pagadas? Tenemos que usar potentes vehículos –muy caros de adquirir y mantener, muy complicados de sustraer- con los que ponernos en fuga (¿se imagina que usásemos utilitarios?) y no vemos compensado el sobreesfuerzo por ningún sitio.
A tenor de los exponendos de referencia, el abajo firmante a vd.
S O L I C I T A:
Inste a su gobierno a tomar las medidas oportunas, legislar de modo que no se nos margine así como se establezca un baremo que sirva como medida para que recibamos un porcentaje de las cantidades que generamos tanto como negocio para otros como para las secciones I+D de las empresas investigadoras, cantidades que deberán ser ingresadas mensualmente en las cuentas que señale nuestra asociación que será habilitada para administrar esta cuantía. Todo ello regulado por convenios que se revisarán periódicamente tras el oportuno debate entre las partes.
Es gracia que no duda alcanzar del recto proceder de V.I. cuya vida guarde Dios muchos años. (O como se diga ahora)
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