En el tejido de tu plumaje,
los dioses revelaron tu secreto,
y fueron muchas las envidias:
la libertad de tu vuelo,
la ensoñación de tu melodía,
la delicadeza de tus besos,
la composición de tu coreografía…
Con el invierno vino
la arrogancia de los cuervos,
su plumaje negro,
su graznido envidioso.
Y volaste sin rumbo,
por el mar,
por la playa,
por desiertos
y por montañas,
y recorriste el mundo.
Atravesaste las nubes,
y mientras el sol te vigilaba,
la luna te sonreía,
y mientras el viento susurraba,
los árboles te protegían.
Y en primavera
volviste a tu nido
seguro de ti mismo,
con tus suaves plumas,
con tu elocuente pico,
con tu dulce canto,
con en el triunfo, de tu trino.
@Iván A. Guerrero
@Imagen Pinterest
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