jueves, abril 30 2026

DONDE LA HERIDA CANTA by Marina Díez

Agradezco la tormenta

por barrer las sombras que no eran mías.

Solté los hilos que me ataban al silencio

y me encontré desnuda,

sin hambre de promesas rotas,

sin sed de espejismos.

Hay quien elige quedarse dormido

bajo un cielo de sueños apagados.

No es mi tarea encender su amanecer.

Cierro la puerta con calma,

como quien apaga una vela

sin miedo a la oscuridad.

No puedo salvar mundos ajenos.

El mío,

el que late entre mis manos,

no admite viajeros que arrastran vacío.

Las señales eran cuchillos,

pero los ojos que temen mirar

se vuelven ciegos.

Ahora sé que la intuición es un fuego antiguo

que arde hasta dejar la verdad desnuda.

Lo que duele, enseña.

Y lo que no es mío

me hiere hasta que lo suelto.

El amor no se mendiga,

se vive con todo el cuerpo.

Y yo,

que llevo océanos en el pecho,

no volveré a ahogarme

en charcos que nunca fueron hogar.

 


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