Los marcapáginas tienen algo curioso: son un objeto muy pequeño y aun así mucha gente les toma cariño. Hay algunos de tela, metálicos, con ilustraciones, flores prensadas, frases, acuarela… y luego está la realidad cotidiana: “solo cierro el libro un momento” y aparece la doblez en la esquina porque el sueño ganó la partida.
El pico doblado casi funciona como una categoría propia de marcapáginas improvisado: junto con el billete olvidado, el recibo del supermercado, una servilleta o cualquier papel que estuviera cerca. Y además tiene una ventaja muy humana: deja constancia exacta del momento en que el libro te derrotó por cansancio.
Aunque muchos lectores sienten un pequeño dolor al ver una esquina doblada; para algunos es casi una herejía contra el libro y para otros es simplemente una señal de que el libro está siendo vivido y usado.
Albacete, 20 de mayo 2026.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com)
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