La sumisión de las masas
Avelino Muleiro
En 1929, José Ortega y Gasset agitó la conciencia española y europea con La rebelión de las masas. En aquella célebre obra, el filósofo español advertía de la irrupción social del “hombre-masa”: un individuo desprovisto de proyectos históricos que asaltaba la agenda pública exigiendo sus derechos, pero sin asumir el más mínimo deber. Aquella masa era manifiestamente dinámica, estridente y soberbia; se consideraba una fuerza indomable que amenazaba con devorar las instituciones tradicionales mediante la acción directa.
Ortega elige la figura del “señorito satisfecho” como metáfora del perfil del hombre-masa. Y lo define como un tipo humano que ha nacido en un mundo lleno de comodidades, derechos y tecnologías avanzadas, pero que da por supuesto toda esa situación, como si formara parte de la naturaleza y no como el resultado de un esfuerzo de civilización colosal de generaciones pasadas. Ese señorito cree que ya lo sabe todo, por eso no duda de sus propias opiniones y desprecia la opinión de los grandes pensadores.
Casi un siglo después, el diagnóstico de la sociedad española y europea ha dado, sociológicamente, un vuelco inimaginable. El problema de nuestra sociedad ya no es la insurrección y la movilización de las masas, sino su rutina y apatía. No asistimos a una rebelión social, sino a una renuncia silente. Lo que hoy define a nuestra sociedad es la sumisión de las masas ante la arrogancia y la altivez del poder.
La anestesia ideológica
Si el hombre-masa de Ortega se caracterizaba por su hermetismo mental y su tendencia a imponer sus deseos por la fuerza, el hombre-masa contemporáneo se define por su docilidad y sumisión teledirigida. Las masas no buscan el poder para transformarlo, sino que están siendo domesticadas por él. Ese amansamiento colectivo está provocado por la hipertrofia de las ideologías, que han dejado de actuar como sistemas de pensamiento orientado a resolver problemas de la vida normal para convertirse en banderas de identidades tribales y religiones laicas. Las ideologías han logrado funcionar en las masas como anestésicos perfectos. A través de la polarización ideológica y del bombardeo informativo persistente, el entramado del poder ha logrado que el ciudadano prefiera tener razón en el relato antes que obtener soluciones a sus problemas.
La masa actual no se rebela porque está demasiado ocupada defendiendo las trincheras ideológicas en las que el propio poder le ha ubicado. Y esa sumisión voluntaria produce un efecto perverso, incluso en la clase política, pues los gobiernos actuales, al verse libres de la exigencia de rendir cuentas reales ante los ciudadanos, ya no persiguen el bien común ni la resolución de los problemas sociales (la vivienda, la precariedad salarial, la salud mental, el futuro económico). Su único y exclusivo fin es la autoconservación: sostenerse en el poder a toda costa.
Por otra parte, lo verdaderamente alarmante de la sumisión de las masas no es que los gobernantes mientan, sino que la propia masa justifica el engaño. Ofuscada por el sectarismo, la sociedad actual es capaz de tolerar, e incluso de aplaudir, la incompetencia, la corrupción o el autoritarismo de los suyos con tal de evitar que ganen los otros. El sentido de la justicia se ha supeditado a la lealtad del color político y no a las sentencias judiciales.
La masa ya no exige resultados ni narraciones, exige relatos. El relato es un fenómeno que nace directamente de una alarmante falta de espíritu crítico, porque al delegar el pensamiento en el dogma de partido, el individuo renuncia a su capacidad de juzgar la realidad por lo que es y prefiere verla a través del filtro distorsionado de su ideología de cabecera.
Todo esto es consecuencia de la frágil formación intelectual de la masa y de la crisis de valores que le invade. La democratización de la educación y el impacto social de la tecnología han provocado que ya no hagan falta intermediarios expertos ni pensadores reconocidos. El filósofo o el catedrático ya no tienen el monopolio de la palabra. En la España actual, y en Europa, faltan los Ortega, los Unamuno, los Azaña, los Walter Benjamin, los Freud, los Horkheimer…, pero abundan los creadores de contenido en YouTube o los analistas en los pódcast de éxito que tienen una capacidad de influencia política y social infinitamente mayor sobre las nuevas generaciones que cualquier filósofo o intelectual contemporáneo. Al no haber pensadores respetados fuera de la política, el debate público queda totalmente en manos de los partidos. Y éstos solo proponen una alternativa: o estás conmigo o contra mí, destruyendo así las posiciones intermedias y los matices, que son la cancha donde realmente juega la realidad.
El intelectual clásico tenía una función social incómoda, que era criticar al poder, pero también criticar a su propia audiencia. Aquel intelectual fue reemplazado por el actual creador de contenido, que vive del aplauso de sus seguidores. Si dice algo que molesta a su tribu, pierde ingresos y es cancelado. Por tanto, el pensamiento actual tiende a ser complaciente y solo dice lo que su audiencia quiere escuchar, alimentando así los sectarismos.
Sapere aude
¿Cómo salir de este nefasto laberinto? El filósofo alemán Immanuel Kant nos brindó la solución en aquellos relevantes momentos de la Ilustración europea: pensar por uno mismo. Liberarse de la tutela ideológica. Según sus palabras: “es posible que el público se ilustre a sí mismo, siempre que se le deje en libertad; incluso, casi es inevitable”. Sapere aude. Atrévete a saber. En eso consiste la Ilustración.
En el año 1784, Kant publicó un impactante artículo titulado: ¿Qué es la Ilustración? Comienza así:
La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo
es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de
servirse del propio entendimiento sin la dirección de otro. Uno mismo es
culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un
defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para
servirse con independencia de él sin la conducción de otro. ¡Sapere
aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la
divisa de la ilustración.
El mensaje kantiano intenta hacer responsable a la persona frente a los problemas que le crea la realidad. Hoy, la sociedad necesita desplazarse de la sumisión ideológica al espíritu crítico y a la responsabilidad. Ser responsable implica asumir que la democracia no consiste en votar cada cuatro años y desentenderse de los problemas reales, sino en fiscalizar al poder de manera constante, especialmente a aquel que hemos votado. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han denomina a la masa social actual la «sociedad de la paliación», una sociedad que tiene fobia al dolor, incluido el dolor o el esfuerzo que cuesta pensar libremente.
Para que la masa vuelva a ser una sociedad de ciudadanos libres, es imprescindible llevar a cabo una profunda regeneración cultural que articule un cambio radical basado en dos pilares fundamentales: Una formación crítica en la juventud -recuperando las humanidades, la filosofía y el debate riguroso en el sistema educativo-, y una educación social, a través de los medios de comunicación independientes, que enseñe a dudar y a contrastar los argumentos propios con los de los discrepantes. Solo así, se obtiene el antídoto contra el adoctrinamiento.
Ortega y Gasset temía en su obra que la masa destruyera la civilización por exceso de energía descontrolada. Hoy el peligro es lo contrario: tememos que la civilización se desmorone por la apatía de una masa sumisa entretenida en batallas culturales estériles mientras el poder se atrinchera en sus privilegios. Es hora de exigirle a la masa social que despierte, que recupere la soberanía de su propio juicio y que, frente a la sumisión imperante, vuelva a ejercer el noble y excelso arte de la disidencia crítica.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.