sábado, julio 18 2026

La envidia asquerosa by Jaime Nubiola

Me ha encantado leer el poema «Regalo» del premio Nobel polaco Czesław Miłosz (1911-2004), escrito en Berkeley en 1971. Lo copio en la traducción de Xavier Farré:

Qué día tan feliz.

Se disipó la niebla temprano, yo trabajaba en el jardín.

Los colibríes se detenían sobre las madreselvas.

No había nada en la tierra que deseara tener.

No conocía a nadie que valiera la pena envidiar.

Olvidé todo el mal acontecido.

No me avergonzaba pensar que era el que ahora soy.

En el cuerpo no sentía ningún dolor.

Al incorporarme, vi el mar azul y unas velas. 

Me ha impactado en particular el verso «No conocía a nadie que valiera la pena envidiar», pues una y otra vez a lo largo de mi vida me he encontrado con personas a las que la envidia les comía por dentro.

Se dice que es un mal que afecta a muchos artistas, pero a mí me parece que ocurre especialmente en el ámbito académico. En lugar de admirar gustosamente a un colega por sus cualidades o sus logros, la envidia lleva a menudo a maltratar a esa persona o a malquistarse con ella.

En España suele emplearse coloquialmente la expresión «envidia cochina» para enfatizar que es el tipo de envidia más ruin, rastrera y destructiva que hay. No es una envidia «sana» o de admiración, sino un sentimiento dañino que nace del despecho o los celos.

A mí me resulta todavía más gráfica la expresión «envidia asquerosa», pues no quiero tener en mi corazón envidia de nadie.

 

Barcelona, 5 de julio de 2026.


  • Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).

 


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