Cada cuerpo es tan solo una parte
del inmenso sarcófago de un dios
Olga Orozco
Mi lengua
el silencio
labrando tus pliegues
plantando las semillas del hambre.
Plantas la risa sobre mi lienzo extendido
levantas muros de estrellas para arroparnos.
Mi pelo
la hierba
caminando tu espalda
desatando tus tiernas cortezas.
Las cortezas se despegan como el corcho joven en verano
danzo y susurro lunas al tiovivo de tu frente.
Mi boca
los harapos
interrogando a tus jadeos
bebiendo de galaxias perfumadas
Tu cordel de astros cambia harapos por palabras, cuelga puentes
entre la soledad y la saliva, entre tu desamparo y mi abrigo.
Mi labio
el pergamino
desnudando las sienes
temblando con tu pájaro de sombra.
Mis sienes se adornan de universos transparentes
vientos del origen encienden la luz del pozo.
La flauta ya retumba entre los
dioses mil veces evocados
y los cuerpos descienden hasta
el límite mudo del tiempo.
Ulises con alma ajena
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