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8 DE MARZO ( DE CUALQUIER AÑO) by Beatriz Berrocal

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER   

 7 de la mañana

            Suena el despertador con ese pitido ofensivo y molesto que se mete hasta el cerebro y te taladra la sustancia blanca, la gris y la rosa si la hubiera.

            Me lanzo sobre él y le meto un rato debajo de la almohada, cinco minutos, sólo cinco minutos más por favor, parece que no son nada (y en realidad no lo son), pero es que salir de la cama a las siete viviendo en León, levantar la persiana y ver la helada que ha caído, es muy duro. En ese momento Roberto viene corriendo desde su cuarto, enciende la luz del techo y me quita las mantas para que me levante  porque ya es muy tarde para ir al colegio y tengo que ponerle el desayuno mientras él ve los dibujos esos raros de un perro amarillo, un niño con mochila y una princesa chicle.

Empieza un día prometedor. Intento entrar en cualquiera de los dos baños pero los dos están ocupados. En uno de ellos, Juan, mi hijo mayor se está colocando por enésima vez el peinado con siete gominas distintas, en el otro, Víctor, mi hijo mediano se pone las lentillas con toda la tranquilidad del mundo. Yo tengo prisa, pero no importa.

            Roberto, el pequeño, se ha ido vistiendo para ganar tiempo, pero se ha puesto los calzoncillos del revés, y por no desvestirle enterito otra vez, pienso que tampoco pasa nada por ir un día así, al fin y al cabo, Superman los ha llevado toda su vida por encima de los pantalones y mira lo famoso que se ha hecho.

A las ocho, se levanta mi marido protestando porque somos muy ruidosos y no le hemos dejado dormir bien. Los dos mayores se van al instituto, entran a la misma hora, pero salen de casa separados porque ir juntos sería hacer el ridículo. Por fin, con un baño libre,  me pego una ducha, me visto, me pinto un poco para no parecer enferma, se me corre el rimel porque las prisas no son buenas para nada, y salgo de casa pitando después de decirle adiós al padre, al hijo y casi, al espíritu santo. 

Acto seguido vuelvo a entrar, se me ha olvidado  sacar del congelador los filetes  para la cena, poso la carpeta que llevo para la reunión, saco el paquete de pechugas y vuelo hacia la puerta porque he oído llegar al ascensor.

Llego tarde al trabajo, por supuesto, pero llego, que es lo importante.

            Nada más abrir la puerta de la oficina veo encima de la mesa un montón de papeles para archivar, cartas para mandar, y fotocopias para hacer. Abro el ordenador y tengo diez correos urgentes para contestar antesdeayer, el teléfono suena sin piedad y el ordenanza  deja encima de mi mesa más cartas que van llegando, todas urgentes, eso sí.

Cuando por fin consigo tener cada papel en su montón y el Windows en marcha, entra mi compañero como una exhalación para avisarme de otra reunión, urgente también, inmediata, claro, y al salir cierra la puerta con tantas ganas que los papeles que yo tenía ya ubicados en su sitio, emprenden un vuelo sin motor que les lleva a aterrizar dispersos por el suelo alfombrándome el parqué de letras y números que, serán cosas mías, pero yo diría que se estaban riendo.

            Maldigo, ni la mitad de lo que me hubiera apetecido, pero maldigo. Entra el jefe y me pregunta que si me pasa algo, le digo que no, que soy así de rara y me contesta que me dé prisa, que llegamos tarde a la reunión.

Cuando ya estamos todos, nos explica que es una reunión muy importante porque tenemos que hablar de los temas urgentes que deberíamos haber solucionado, sin falta, hace tres meses y que no se solucionarán hasta dentro de cuatro. Cuando voy a echar mano de la carpeta la noto muy fría, congelada, para ser exactos, la miro y veo mi letra “pechuga empanada”. Vale, genial, se ve que esta mañana, con las prisas, puse la carpeta en el congelador y me traje las pechugas al despacho. Procuro guardarlo cuanto antes para que nadie me vea, pero creo que es demasiado tarde, mi compañera me mira entre risas y muy bajito me dice: “No te preocupes, hace unos días traje yo a la reunión unos “sanjacobos”, eso sí, luego cenamos informes”. Conclusión, ando más sobrada de “empanada” aunque sea mental, que de pechuga.

Cuando terminamos, saco un café de la máquina, porque  no he probado bocado en toda la mañana y estoy que me caigo, pero justo cuando lo dejo encima de la mesa suena el teléfono, le doy con el cable, se cae encima de unos papeles muy muy importantes de los que no tenía copia y me cojo tal cabreo que se me quitan las ganas de cafés y de leches.

Son ya las doce y media, como trabajo a media jornada  es la hora de salir, así que recojo, y me voy pitando porque hasta las dos que sale Roberto del colegio tengo tiempo de sobra para:                 

-Pasar por el “Día” y comprar el pan y cuatro cosas más que luego siempre son ocho o diez, lo justo para llegar a casa cargada como la mula Francis.

-Pasar por el banco a ingresar el dinero de la excursión de Víctor porque si hoy no está ingresado se queda sin plaza y me mata.

-Hacer el segundo plato y calentar el primero.

            -Poner una lavadora y tender la otra que había dejado puesta por la mañana.

            -Poner la mesa y dejarlo todo dispuesto porque cuando los chicos llegan de clase tienen más hambre que Dios talento.

A las dos recojo al niño y cuando llegamos a casa me reta a  una carrera desde el aparcamiento hasta el portal. Me gana siempre, y juro que no es que me deje, me gana con toda legalidad porque para esas horas yo ya estoy con la lengua fuera.

Llega mi marido a comer y me dice que qué bien vivo con eso de trabajar “sólo” media jornada. Me aguanto el ataque de risa histérica que está a punto de darme.

Poco después, llegan los chicos protestando porque el instituto es un rollo, Víctor dice que cuándo podrán vivir ellos como vivo yo, trabajando cuatro horas, que tengo un morro que me lo piso. Cuento hasta ciento veinticinco, pienso que son mis hijos, que ya llevan mucho tiempo en casa, que les  he cogido  cariño y que no se debe de cometer un “hijicidio” a la hora de comer porque se estropea la comida.

Al terminar, el padre de las criaturas me dice “¿Te friego yo o friegas tú?  El pronombre ese del “te friego” me parte en dos como si fuese la motosierra  de Freddy  Krueger en Viernes trece, solo que hoy es ocho, porque es como si me hiciera un tremendo favor con “fregarme” los platos que, al fin y al cabo, hemos manchado todos. Vuelvo a repetirle lo de siempre,  que no se trata de “hacerme” nada, ni siquiera de ayudar o colaborar, sino de  COMPARTIR.   Se me queda mirando como si no me hubiese visto en su vida.

            En la tele dicen que como es el día de la mujer, van a entrevistar a mujeres trabajadoras de nuestro país: la presidenta del senado, la mujer del presidente, la hija del director del banco de no sé qué y…vamos, que solo son mujeres trabajadoras las que ocupan altos cargos, las demás, no.

            Me dan ganas de llorar, debe de ser por la cebolla que estoy picando para la tortilla de patata que preparo para la cena.

Por la tarde  llevo al pequeño a las actividades extraescolares y mientras tanto aprovecho para entrar en la farmacia a por tres cajas de valeriana. No la hay intravenosa, sólo vía oral, qué le vamos a hacer.

A la hora de la cena mi hijo mayor dice que está deseando  tener 18 años para hacer lo que le dé la gana, COMO HAGO YO. Cuando llega su padre dice que si nos ha pasado algo porque tenemos las caras largas.

Al terminar “me friega” otra vez para que yo “descanse” mientras doblo la ropa que está seca, preparo el bocadillo de Roberto para el día siguiente y hago la nota de la compra, que está la nevera que en vez de frío, da pena.

        Por la noche, al niño le duele la barriga, le doy Dalsy, tose, vomita, llora, dice que quiere dormir con nosotros y le paso para  nuestra cama.

 Es justo cuando mi marido sale de la ducha y se acerca a mí sólo con la toalla atada a la cintura, me mira con ojitos golosones,  y cuando me ve salir corriendo en dirección  contraria dice:”¡Hija, cómo eres! Nunca tienes ganas de nada…y eso que hoy ha sido el día de la mujer…” 

Mientras me duermo pongo la radio y están hablando en un coloquio del terreno que hemos ido ganando las mujeres desde que trabajamos fuera de casa y nos hemos liberado.  La ministra de algo dice que la igualdad está ya al alcance de nuestra mano.

            Y yo, que por más que estiro el brazo no acabo de alcanzarla….

7 replies »

  1. Me encanta!!! Me he reido, ahora no sé si llorar jeje, soy yo, pero trabajando a jornada completa y además intentando escrbir jaja. Qué verdad verdadera! El relato es fantastico, con buen ritmo y mucho humor! Lo comparto en mi blog con vuestro permiso.

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  2. No sé, pero no me convence el relato. Soy mujer, soy trabajadora a tiempo completo -no en León, sino en Madrid, lo que significa que mi lugar de trabajo está a 13 Km atascados de mi residencia-, soy madre de tres princesas -¿o son tres brujas?- y no tengo pareja con quien compartir las responsabilidades de la casa. Sé lo que es hacer malabares para llegar a recoger a las hijas del colegio, llenar la nevera, preparar comidas, que los uniformes estén limpios y planchados, que los informes lleguen a tiempo, llevar el coche al taller, reunirme con las profesoras para que me cuenten como van las niñas…
    Pero yo he elegido esta vida.
    Yo quise ser madre, yo decidí no permanecer al lado de un maltratador y asumí que mejor sola que mal acompañada, yo tuve la suerte de poder optar al trabajo que tengo, que me sorbe la vida y la sangre, pero me permite ser independiente.
    Mi vida no es perfecta, pero yo he tenido la oportunidad de elegir y decidir. Y no pierdo el tiempo comparando lo que he conseguido con las comodidades -mayores o menores- que puedo aportar a quienes conviven conmigo.

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  3. Absolutamente genial. La cruda realidad.

    Hace poco escribí aquí sobre las mujeres de verdad y las que viven del cuento y es lo mismo que has contado tú cuando en las TV entrevistan a las líderes, exclusivamente.
    Incluso comprendo lo de levantarte a las siete en León, porque yo, hubo una época en la que me levantaba a las 05.45 y cuando me metía en la ducha, al otro lado de la ventana que daba a la calle, había nieve. San Lorenzo de El Escorial, es así.

    Me ha encantado. La ironía, dicen, es el sentido del humor de los inteligentes.

    ¡Enhorabuena!

    Un saludo.

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  4. Excelente relato que parece exagerado !!! Pinta una realidad que si no es 100% de veracidad es un 99.99%. Vamos mujer !!! Que no decaiga !!! 8 de Marzo mi saludo a la Mujer, a la que vive con la locura del relato o a la que mas tranquila vive su vida. Siempre Mujer !!! En mi Pais hay un femicidio por dia denunciado, quizas haya más sin denuncia. Muy triste !!! Es bueno que el mundo lo sepa. Gracias.

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