joyas para leer

ABADÍA DEL CRIMEN EXTENSUM. VADEMECUM

By Jorge Aldegunde

Primer día

Tercia

Donde Guillermo y su discípulo Adso llegan a la Abadía. Reciben la bienvenida de Remigio, el cillerero, quien les orienta en sus primeros pasos por la misma. Remigio guía a Guillermo y Adso a través del claustro, principal lugar de meditación de la abadía, desde donde se dirigen a su celda, en la que el abad los espera. Allí, en un tono grave y circunspecto, detalla a Guillermo y Adso los siniestros y misteriosos acontecimientos recientemente ocurridos en la abadía. Al parecer, el cuerpo sin vida de Adelmo, uno de los más jóvenes ilustradores de la abadía, fue encontrado en el barranco, al pie del edificio. Guillermo, haciendo gala de una gran sagacidad, confirma la sospecha del abad sobre un presunto asesinato del joven monje. El abad encomienda a Guillermo la misión de esclarecer los hechos, antes de que se produzca la llegada a la abadía de Bernardo Güi, emisario de la Santa Sede. Para ello, Guillermo debe guiarse por la estricta observancia de las reglas de la abadía, y particularmente, de las órdenes del abad.

En lo que sigue, Guillermo se reencuentra con Ubertino da Casale, uno de los padres espirituales de la orden Franciscana, quien se encuentra temporalmente alojado en la abadía, bajo la protección del abad. Guillermo y Adso encuentran a Ubertino en una de las capillas anexas a la iglesia, dedicado exclusivamente a la meditación y a la oración. En su conversación, Ubertino relata a Guillermo su condición de perseguido y refugiado en la abadía, y alerta de la llegada del mal a la misma, sobre cuyos muros acechan los pecados de la lujuria y la soberbia.

Más tarde, Guillermo y Adso deciden explorar los exteriores de la iglesia. En el huerto (situado hacia el oeste del complejo), conocen a Severino, el padre herbolario, encargado también de los baños y el hospital. Guillermo, gran observador, comenta con Severino la variedad de hortalizas y plantas de uso medicinal que cultiva en el huerto de la abadía. Severino, amablemente, se ofrece a enseñar el edificio a Guillermo y Adso. Durante su camino, Guillermo y Adso obtienen valiosa información de las costumbres del joven Adelmo, quien al parecer, dedicaba la mayor parte de su tiempo a la transcripción de miniaturas en el scriptoriom del Edificio. Severino informa a Guillermo de la estrecha relación que unía a aquél y a Berengario, ayudante del bibliotecario. Dentro del edificio, Severino muestra a Guillermo y Adso la ubicación del refectorio (así como el lugar que deben ocupar durante las comidas) y la cocina. Severino indica también que, en la planta superior del edificio –en el scriptorium– se ejerce la labor de los monjes copistas de la abadía.

Sexta

Las campanas de la iglesia sorprenden a Severino, Guillermo y Adso –anunciando la hora sexta y recordándoles la obligación de acudir a su cita diaria en el refectorio–. Acuden pues allí a almorzar con los demás monjes. El abad presenta a Guillermo al resto de los hermanos, y les informa del propósito de su visita a la abadía, rogándoles su colaboración durante la investigación.

Nona

Guillermo sugiere visitar la planta superior del edificio, donde se encuentra el scriptorium. Acceden a la misma empleando las escaleras que llevan al torreón noroeste. Allí conocen a un monje con cara de luna –Berengario– el ayudante del bibliotecario. Berengario se ofrece, solícito, a mostrar a Guillermo y Adso la mesa de trabajo del malogrado miniaturista. Allí, Guillermo, con la ayuda de sus lentes, aprecia el talento de aquél. Las miniaturas en las que trabajaba Adelmo revelan un vivo interés por obras que ensalzan el humor y la risa. El ambiente del scriptorium se distiende hasta que aparece un anciano monje ciego quien, visiblemente airado, afea la conducta de quienes ríen de cosas risibles. En lo que sigue, el venerable monje –a quien Berengario identifica como Jorge de Burgos– y Guillermo debaten acerca de la risa. Su debate los lleva a citar el segundo libro de poética de Aristóteles –El Coena Cyprianis– enteramente dedicado al humor como instrumento para difundir la verdad. El debate sobre el origen y destino del citado libro prosigue, hasta que Jorge, visiblemente contrariado, decide terminar abruptamente la conversación.

Seguidamente, Nicola –el hermano vidriero– que ha seguido desde la distancia la conversación, se interesa por el funcionamiento de las lentes de Guillermo, emplazándolo a una conversación posterior.

Guillermo y Adso se dirigen hacia la biblioteca, custodiada por el siempre vigilante Malaquías – el hermano bibliotecario – quien recuerda a nuestros protagonistas el carácter secreto de la misma. Efectivamente, la biblioteca es un lugar prohibido, al que, además del propio abad, tan sólo Malaquías puede entrar.

Más tarde, Guillermo y Adso recorren el resto de las estancias del scriptorium, admirando las obras de los hermanos copistas y la bella construcción del mismo. Guillermo sugiere a Adso que recoja un pergamino y un carboncillo para que elabore un valioso mapa que les permitirá orientarse a lo largo de los edificios del complejo de la abadía.

Guillermo y Adso se familiarizan con la planta del scriptorium, comunicada con la planta inferior desde sus extremos noroeste, suroeste (desde donde nuestros protagonistas pueden ver la entrada de la abadía y el huerto de Severino); y sureste (desde donde Guillermo contempla una pequeña aldea, a los pies de la abadía). El extremo nordeste del scriptorium alberga la entrada a la biblioteca custodiada, como hemos dicho anteriormente, por Malaquías.  

De vuelta a la planta inferior, Guillermo y Adso se encuentran con un monje contrahecho y jorobado –Salvatore, ayudante de Remigio–. Salvatore comienza una peculiar conversación con nuestros protagonistas, en la que demuestra que habla todas las lenguas y ninguna, y de la que se deduce un pasado inquietante. Guillermo y Adso se familiarizan con las estancias de la primera planta del edificio. Visitan así la cocina, el horno y la chimenea desde la que se calienta el scriptorium.

Nuestros protagonistas salen del edificio y rodean el torreón sureste, alcanzando el cementerio de la abadía. Guillermo observa una tumba reciente, y deduce que debe tratarse de la del joven miniaturista. Guillermo y Adso continúan recorriendo el perímetro del edificio en dirección norte, y encuentran una puerta que da acceso al edificio (por la zona de servicio frecuentada por Salvatore), y otra que comunica directamente con el recinto de la iglesia, muy cerca de la celda del abad.

Cerca de la entrada al complejo de la abadía, Guillermo y Adso reparan en un pozo del que podrán abastecerse de agua potable.

En la zona de patio, y hacia el este, Guillermo y Adso descubren las cuadras y las porquerizas. Allí los monjes guardan, en grandes tinajas, la sangre de la matanza, conservada merced al frío de la zona. En la zona oriental del complejo, y cerca ya del claustro, nuestros protagonistas encuentran el taller de Nicola. En él, Nicola explica a Guillermo y su ayudante en qué consiste su trabajo. Aprovecha, fascinado, para investigar de cerca el funcionamiento de las lentes de Guillermo. La conversación deriva en otros derroteros, por los cuales Nicola advierte de extraños artilugios mágicos que protegen la biblioteca de ojos curiosos. Guillermo comienza a pensar que hay quien desea preservar el saber de la abadía sin dejar que éste se difunda libremente entre los monjes…

Vísperas

Las campanas sorprenden a Guillermo y a su joven acompañante reflexionando acerca de la conversación con Nicola, y advirtiéndoles que deben asistir al oficio de Vísperas. Guillermo y Adso ocupan su sitio –El maestro debe colocarse a la izquierda y justo al lado de su pupilo–. Antes de comenzar el oficio, nuestros protagonistas observan cómo Malaquías, el bibliotecario, alcanza la iglesia aproximándose desde detrás del altar.

Completas

Tras el oficio, Guillermo y Adso se retiran a su celda.

Segundo día

Noche

Extenuados por la intensidad del primer día en la abadía, deciden dormir para proseguir con sus investigaciones con ánimos renovados.

Prima

En la que Guillermo y Adso acuden al oficio tras un sueño reparador. Una vez en la iglesia, el abad muestra su extrañeza por la tardanza de Venancio. Un aldeano acude, visiblemente alterado, a informar al abad de la aparición de un nuevo cadáver; en esta ocasión en las pocilgas. El abad, preocupado, solicita a Guillermo que lo acompañe para aclarar la situación. Una densa niebla y una fría lluvia se ciernen sobre la abadía mientras los monjes, encabezados por el abad, se dirigen a las pocilgas. Los monjes observan, horrorizados, el cadáver de Venancio en una de las tinajas. El abad solicita la máxima premura a Guillermo para esclarecer el que, a todas luces, es un nuevo asesinato.

Tercia

En la que Guillermo y Adso solicitan participar de la autopsia del cuerpo de Venancio. En el hospital, Severino confiesa que no ha encontrado heridas o signos de violencia en el cuerpo del fallecido. Además, mientras Guillermo y Severino especulan sobre la muerte de Venancio, aquél observa asombrado la ingente cantidad de sustancias y minerales que el hermano herbolario conserva. Preguntado por Guillermo, Severino aclara la labor de Venancio como traductor de griego –enteramente dedicado a la obra aristotélica–. Adelmo y Venancio mantenían una estrecha relación fraternal, acrecentada por las largas horas de estudio en el scriptorium. Guillermo descubre también, de boca de Severino, la relación entre Adelmo y Berengario: al parecer, éste ofrecía a Venancio acceso a conocimientos secretos a cambio de favores que trascendían lo meramente fraternal…

Sexta

Las campanas sorprenden a Guillermo y Adso absortos en sus pensamientos tras los hallazgos de la mañana. Ambos acuden al refectorio para dar cuenta de sus obligaciones. El abad recuerda a Guillermo que la biblioteca es un lugar secreto, al que sólo Malaquías puede entrar. Guillermo comienza a sentir una gran curiosidad por este extraño lugar prohibido… ¿Guardará alguna relación con los asesinatos?

Nona

Donde Guillermo y Adso acuden de nuevo al scriptorium para conocer de cerca la labor de traducción de Venancio. Sobre su mesa, encuentran un extraño pergamino acompañado de un libro escrito en griego. A petición de Berengario, Nicola custodia la mesa de Venancio. Nicola apunta a Guillermo que el libro escrito en griego no se encontraba sobre la mesa de Venancio cuando éste había abandonado el scriptorium el día anterior. Ante el asombro de Guillermo, Nicola revela que es posible acceder al edificio, cuyas puertas son cerradas desde dentro por Malaquías, al terminar cada jornada. Para ello, refiere una entrada secreta accesible desde el osario, situado en la capilla, tras el altar. Nicola aconseja a Guillermo y Adso que, caso de querer aventurarse por el edificio por la noche, no olviden hacerse con una lámpara. Maestro y pupilo descienden a la planta baja del edificio. Allí, Remigio facilita la citada lámpara. Remigio se muestra sumamente solícito para rellenar la lámpara de aceite y dejarla a disposición de nuestros protagonistas a diario, en la cocina. Por último, Remigio confiesa a Guillermo haber visto cómo Adelmo, la noche de su muerte, acudía a la celda de Berengario, ausente hoy en el scriptorium

Guillermo y Adso recogen la lámpara en la cocina, dispuestos a realizar su primera excursión nocturna por el scriptorium.

De nuevo en la iglesia, y en uno de los laterales de la nave central de la misma, Guillermo y Adso descubren también la sala de reliquias, dotada de obras de arte traídas por numerosos monjes desde los lugares más insólitos del mundo.

Más adelante, Guillermo y su joven aprendiz encuentran al ayudante del bibliotecario en el claustro. Presionado por las preguntas de Guillermo, Berengario confiesa haber visto a Adelmo la noche de su muerte. Asustado, Berengario relata cómo vio a Adelmo caminar, como un espectro, por entre las tumbas del cementerio. Berengario, turbado, solicita a Guillermo confesarse; lo que éste rechaza –sin duda para no tener que mantener el secreto de confesión sobre sucesos que, tal vez, guarden relación con las dos extrañas muertes ocurridas en la abadía–.

Vísperas

Guillermo y Adso ocupan sus puestos para el oficio y observan cómo, igual que en el primer día, Malaquías accede a la iglesia desde detrás del altar. Guillermo deduce que el bibliotecario, tras cerrar el edificio, accede a la iglesia mediante el pasadizo secreto al que se refería Nicola.

Completas

Una vez en su celda, Guillermo y Adso deciden aprovechar la quietud de las horas nocturnas para su primera excursión en el edificio e investigar acerca del extraño libro y el pergamino, que Nicola custodiaba en la mesa de trabajo de Venancio. Para ello, harán uso de la lámpara que tomaron prestada en la cocina.

Continuará mañana

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