narrativa

La Cita by Javier Caballero Bello

1

Carlos llevaba tiempo buscando una chica, una novia. No pretendía nada más que eso, una buena chica para salir, pasar el rato y lo que surja. Había terminado una relación un  poco tormentosa después de casi cuatro años con su novia, una mujer dominante, guapa, triunfadora, con un buen trabajo y muy independiente que, en seguida, había tomado las riendas de la relación.

“Mira Carlos, lo que tú tienes que hacer es decirle a tu jefe que si no te promociona te marchas de la empresa”.

“Carlitos, ya está bien de chuparnos todas tus reuniones familiares. El mes pasado fue el cumpleaños de tu madre, y hace dos meses la comunión de tu sobrino. ¡Menuda agenda familiar ¡”

“Oye guapo, que pasa, ¿Qué yo no tengo amigos, que tenemos que salir siempre con los tuyos?

Como era de prever, la relación se había ido deteriorando a pesar de los esfuerzos del pobre Carlos. Y sin comerlo ni beberlo, un día su novia le dejó. Que ya estaba harta de aguantar carros y carretas.

Después de este revés se había quedado bastante compungido durante varios meses; incluso había ido al psicólogo y gracias a la terapia y a los amigos estaba saliendo adelante.

Tenía ganas de disfrutar de la vida, quería compartir algo con alguien, volver a salir, viajar en pareja, hablar de la actualidad, debatir de política. En definitiva, encontrar una mujer con sus afinidades. ¿Era mucho pedir?

Para conocer gente, se había apuntado a un gimnasio, a clases de baile, salía con un grupo de solteros de excursión al campo o por los pueblos de los alrededores. Pero había tenido poca fortuna. Las mujeres con las que coincidía no le resultaban nada interesantes.

Por eso se había metido en una plataforma de internet para encontrar pareja. Era algo muy sencillo: ponías unas fotos y te describías con unas pequeñas frases. El resto era esperar a que alguna chica te mandase un mensaje. También lo podías mandar tú si en el elenco de fotos de mujeres había alguna que te resultase llamativa.

2

Mayte era una joven profesional, moderna e independiente. Lo tenía todo en la vida. Bueno, casi todo. Mayte era incapaz de hacer que un hombre se fijara en ella. Estaba loca por encontrar pareja; era la única de su grupo de amigas que no tenía novio, o mejor dicho, que los novios que tenía no le duraban nada. Siempre había un motivo insignificante que era el detonante para que se distanciaran de ella.

Uno fue porque no se tomaba la relación en serio, no quería un compromiso ni una relación seria, Cuando al cabo de unos meses de estar saliendo le insinuó ir a vivir juntos, él se puso nervioso y empezó a poner tierra de por medio.

Otro fue después de ir a la boda de la última amiga que quedaba soltera. No pudo evitar las bromas, chistes y risitas que hacían todos en referencia a que ellos serían los próximos.

Y el ultimo había sido por no sé qué. Al parecer no le gustó que le invitase a pasar unos días en verano a la casa de su hermana a la playa; estarían solo su hermana con su marido y su bebé.

“No me gusta ese  plan de parejitas.” Le contestó de forma desabrida. Y allí acabo todo.

Así que había pensado en abrir su círculo de amistades, pero no sabía cómo. Le hablaron de unas plataformas en internet donde había gente que quedaba en una cita a ciegas para tomar algo y conocerse. El resto ya se vería.

3

Carlos estaba en una cafetería de un famoso centro comercial; había llegado un rato antes de la cita. Estaba algo nervioso por la novedad, consultaba su reloj continuamente  y no paraba de mirar a su alrededor. Se fijaba en las  personas que ocupaban las otras mesas. Una pareja de cierta edad que tomaba un café sin hacerse mucho caso; otra mesa ocupada por una pareja de jóvenes bulliciosos que se cogían de la mano y a veces se daban besitos y se hacían arrumacos. Tres señoras maduras que, con bolsas de compras de los comercios de alrededor, charlaban animadamente en una esquina del local.  Había otra chica en una mesa, más o menos de su edad, estaba sola y miraba despreocupada su teléfono móvil; tenía un periódico sobre la mesa, al lado de un refresco. Era una hora un poco temprana y el local estaba un poco vacío. Cada vez que entraba alguien movía imperceptiblemente la cabeza en dirección a la puerta como si estuviese esperando a alguien.

Carlos se pidió otra consumición mientras pensaba que tal vez estaba haciendo el ridículo. Sólo, en ese lugar, esperando a una mujer que no llegaba, Era la historia de su vida, persiguiendo una quimera, buscando lo que no existe como un arqueólogo siguiendo el rastro del Santo Grial. Se sentía decepcionado, no sabía que estaba haciendo allí. Tenía preparado un discurso para impresionar a esa mujer con la que había quedado, pero no terminaba de llegar.

Mayte no estaba muy segura de sí misma; después de dudarlo mucho se dirigió al centro comercial donde había acordado su cita. Había visto un par de fotos de un hombre en aquella plataforma de citas y se había aventurado a quedar; no le hacía mucha gracia pero se lo tomaba como una experiencia nueva. No sabía muy bien cómo funcionaba eso; había acordado en llevar un periódico para hacer de reclamo y ya está. Parecía que su cita se retrasaba. En otra mesa había un joven que no paraba de mirar a todas partes, por un momento pensó que se trataba de su cita pero no parecía hacer caso del periódico que tenía a su lado.

Además al poco tiempo vio como una joven se acercó a su mesa y se sentaba con él. Sin embargo no estuvo mucho rato. Ni siquiera pidió una consumición. Tras una breve charla, cogió su bolso y se marchó.

Estaba harta. No sabía que hacía allí sentada, en una cafetería, esperando a un desconocido, se sentía ridícula, frustrada y deprimida. A qué nivel tan bajo había llegado. Repasó mentalmente su vida y no pudo evitar sentir una gran tristeza; lo había dado todo en las relaciones. Una angustia vital, un nudo en el estómago que cada vez se hacía mas grande la impedía respirar; una tristeza se apoderó de ella mientras miraba la hora en su teléfono móvil y se percató que su misterioso acompañante no iba a llegar. Pasaban casi treinta minutos de la hora acordada. No pudo evitar que gruesos lagrimones resbalaran por sus mejillas. No quería salir así del local, no tenía las fuerzas suficientes; necesitaba calmarse pero no podía. Menudo hijo de puta, ni siquiera le había dado la oportunidad de conocerle.

Carlos se había quedado como un tonto sentado en la mesa. Nunca se habría imaginado que aquella mujer, el presunto proyecto de novia iba a ser tan expeditiva con él. Tras unas frases huecas de presentación de menos de cinco minutos le había dicho que no le gustaba perder el tiempo, ni el suyo ni el propio. Lo sentía mucho y sin ánimo de ser maleducada, le había dicho que no era su tipo. No le había dado ninguna oportunidad.

¿Sería por su atuendo? Iba, como se suele decir, arreglado pero informal; con pantalón chino y una chaqueta.

¿No le gusto su físico? En las fotos que había colgado salía favorecido y las había sacado de la comunión de su sobrino, no eran muy reciente pero servían.

Se levanto a pagar e ir al servicio un poco decepcionado e insatisfecho cuando se percató que la chica que estaba sola en la mesa del otro lado estaba llorando. Se había puesto el teléfono delante de la cara y trataba de bajarla para pasar desapercibida. Parecía muy afectada y no pudo controlar el impulso de acercarse a ella para interesarse por su estado.

“Perdona mi intromisión. ¿Te ocurre algo? ¿Puedo hacer algo por ti? Veo que te encuentras mal y no he podido evitar acercarme. Pero si te molesto, me voy”.

“Que vergüenza” Perdona, es que soy muy llorona y todo lo arreglo así”. No me pasa nada, es que me han dado plantón.

“Eso no es nada. A mi me han dado calabazas”

La rápida e inesperada respuesta de Carlos sorprendió a Mayte haciéndola parar de llorar a la vez que esbozaba una mueca mitad puchero y mitad sonrisa.

Eso fue suficiente para que ambos se mirasen de otra manera. Carlos se sentó a su lado mientras apartaba el periódico con un gesto despectivo.

“No dicen mas que malas noticias”, Por cierto, me llamo Carlos. ¿Y tú?

“Si, tienes razón, Yo me llamo Mayte”.

FIN

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