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ESTACIONES DE MUJER (INVIERNO) by Juanmaría G. Campal

Fashion photographer Anastasia Arsenic captures the cover story of Jute Magazine’s December 2015 

Enlace a la publicación anterior de Estaciones de mujer : https://masticadores.com/2022/03/24/estaciones-de-mujer-by-juanmaria-g-campal/

Juanmaría G. Campal

Invierno

A los tres meses sin ingresos, del piso me aireaban. Menos mal que el casero fue comprensivo y con gran paciencia me de-moró los pagos. Ello no significó que se demorase en sus intentos de cobro, no, todo lo contrario. Que con gran paz los sobrellevé yo y con gran ciencia los reiteró él, hasta que al fin llanamente se explicó y él solito se avino a cubrir mis soledades, rellenar mis huecos y hasta a halagarme con alguna que otra alhaja bisutera. E incluso hubo veces que me llevó a las que él llamaba escapadas de entre semana, y a las que llevaba hasta cámara fotográfica. Que no faltara de nada. Que nada fallara.

A todo esto, yo, bien es verdad, opuse de resistencia tanta como placer me daba. Es decir, nada. Entre mi paz y su ciencia, paciencia. Pues esto era lo que tenía de presente y lo único que el futuro me anunciaba. Nada. Así seguí yo con mis penas, para glorias del casero en este caso.

Pasó el tiempo y tuve mucho tiempo para sentir el tiempo de que disponía para nada. Y cuanto más tiempo pasaba, más crecía el tiempo de la nada. Que el casero cada vez se espaciaba más en el tiempo, y en el espacio cada vez menos ocupaba.

Vino a mermarse a tal punto que llegó a insinuarme un “Bueno guapa… esto se acabó… aquí no ha pasado nada… y el piso… y ya sabes… la vida que pasa… las cosas que pasan.” Yo le agradecí lo de guapa y le recordé lo fotogénica que, junto a él, en algunas fotos estaba. Y no hube de decir más palabra, ni buena ni mala, que me la cazó al vuelo y entre un ingreso menos, mi renta, y un gasto más, la renta a su señora, optó por la paz conyugal. En pocas e injustas palabras gritadas me arrastró de amada a amante, de amante a querida, de querida a mantenida y de mantenida a puta. Y así, tras su portazo, aquí me quedé, así, de puta.

Jamás pensé que fuera tan puta la vida de puta. Porque mira que aguantas tristes glorias. Y, además, que no haces más que mentir a lo suspirado. Fingir, que dicen las finas. Un tierno inseguro, finges. Un bravo soez, finges. Un vicioso incompetente, finges. Un impotente impenitente, finges. Un quita para allá, que te vas a enterar, preciosa, finges. Un aquí estoy yo, y yo pago y tú dirás, guapa, finges.

Sólo les sacudí a dos. Uno, el pobre, el primero que me vino de ese tercio. Pero tanto le gustaba, tanto aguantaba y yo tanto me cansaba, sin fingir, de fingir, que le dejé el ascua en mano ajena. Otro quiso darme para así a sí encontrarse, pero de la primera que le di, sin fingir, convino la partida a la mitad y se fue por donde había venido a mitad de precio.

¿Y los que la parlan solo…? ¡Jesús!, ¡como que una no tuviera ya penas! Y hay que andarles con ojo, con mucho ojo. Porque si te distraes, se irritan y te llaman de todo. Y se acuerdan de dónde están y van, y hala, que te llaman puta, y que se quieren ir así los angelitos, bueno, lo intentan, sin más, sin pagar. Pero si les pones atención y se sienten escuchados, como que se vuelven niños. ¡Y de los pesados! Y hay que vérselas para echarlos. Y vuelven. Y los avisas. Y repiten. Y los avisas. Y perseveran. Y los avisas. Y a poco que no andes lista: ¡zas!, ¡que los tienes enamorados! Y se te rompe el alma. Porque te dicen cada cosa. ¡Que casi tienes que fingir que finges! Y te traen cada regalo. Y las primeras veces que se crecen, te dan con el punto, ¡ay, Virgen mía!, hasta varias veces, ¡Virgen santa! ¿Quién dijo fingir? Pero, ¿y qué? Bien sabes tú quién es él, que te lo ha contado. Y él quién eres tú, que no lo has ocultado. Y como al poco se habrá curado, que sí, que te llevará en el alma, y en el corazón por siempre, jamás, amén, pero en la vida, y todos los días, eso es otra canción.

Si será puta la vida de puta que no se la he contado, ni se la contaré jamás, a nadie. Y eso que sólo la viví para poder resistir la putada de la vida y por si un aquél o viniesen mal dadas. Pero, ya digo, es muy puta la vida de puta.

(Continuará)

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